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Nicolás Pérez del Olmo y una carta de sentida despedida a su papá

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Querido viejo;
Te despido con lágrimas en mis ojos mojados que se secan y se vuelven a mojar cuando pienso en lo injusto del Destino. Tus pulmones no resistieron más, te pedíamos que aguantes, que sigas peleando, pero estabas cansado, ¿quién soy yo para pedirte un poco más, con todas las que pasaste a lo largo de tu vida?
Por fin vas a poder descansar en paz luego de tanto pelearla, mi viejo.
P or obra del azar me toca despedirte desde lejos. Quizás fui egoísta, quizás fui muy optimista en pensar que todo esto iba a resolverse pronto e iba a poder darte ese abrazo que finalmente nunca llegó. ¿Quién hubiese pensado que algo tan chiquito te podría quitar la vida tan repentinamente, con todo lo que te cuidabas, con todo lo que aún tenías para dar? De nada sirve ya mirar atrás.
Siempre pusiste a la familia por encima de tu propia vida. Querías que tengamos una buena educación, que aprendamos inglés, que vayamos a la Universidad y tengamos las oportunidades que vos no tuviste de chico.
No me creerías si te cuento la cantidad de gente que preguntó por vos, que se puso a disposición por si necesitábamos algo. Rezaron por vos en más de un idioma. Gestos increíbles, que no me esperaba, de personas allegadas y otras que apenas conocía. Lo cierto es que muy pocas veces uno recibe lo que da, y vos sos el ejemplo más claro. Pero siempre damos lo que somos, y eso es lo que realmente importa.
Te voy a homenajear cada vez que interceda ante alguna injusticia que la vida ponga en mi camino, cada vez que de lo mejor de mí para ayudar a quien lo necesite, para mantener mi palabra cuando prometa algo y por sobre todas las cosas, para ser mejor persona.
Nos vemos en un rato mi viejo, ese abrir y cerrar de ojos que es la vida misma. Unidos en la adversidad, hasta el final.
PD: Agradezco a todos los que me enviaron mensajes solidarizándose, preguntando si podrían hacer algo por mi o por mi familia. A todos ellos les cuento que sí, pueden hacer algo por mí. Lo que les pido es que no esperen a que llegue un momento difícil para decirle a un ser querido lo mucho que lo quieren. Díganselo ahora. Cuesta mucho entenderlo si uno no lo experimenta en carne propia, pero hay que entender que acá estamos de paso, todos y cada uno de nosotros tenemos fecha de vencimiento. Quizás mañana puede ser muy tarde. Quizás no haya mañana…
!Gracias infinitas. Vuela alto, papá!

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