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La Calle

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La frase de hoy: “Hoy presentamos al “boyerito de la cara sucia…”.

En tiempos ya lejanos, allá por los años 40/50, las radios trasmitían novelas camperas. Es que en el campo había mucha gente; la mayoría de las tareas se hacían utilizando caballos e incluso bueyes. La cosecha del maíz duraba meses y familias enteras se trasladaban a lugares distantes, para la recolección a mano de las espigas, surco por surco.

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Cuando las compañías de radioteatro, lograban atraer la atención de los oyentes, iniciaban las giras por el interior, presentándose en los distintos teatros y ofreciendo una versión sintetizada. Había elencos muy conocidos, como el dirigido por Héctor Bates, por la vieja Radio Porteña, y el autor Atilano Ortega Sánz, cuyo actor principal era Humberto Lopardo “Pichirica”.

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Los títulos eran imaginativos. Recordemos, por ejemplo, a “La chacra del árbol seco”. Adalberto Campos protagonizó “El león de Francia”, que duró meses y meses. Las giras por el interior, no dejaban de llegar al Teatro Constantino, de Bragado, sin que nadie olvidara al “Numancia de Luján”.

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En los campos, especialmente en los tambos, había un caballo que hacía guardia por las noches, para estar a disposición de cualquier necesidad, lo cual incluía el llamado al médico. El doctor Juan José Quenard, más de una vez, en sus charlas, recordó los viajes en sulky, por las noches, ante algún llamado urgente. Los médicos siempre fueron importantes en la vida de nuestro país.

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Al caballo de guardia se lo llamaba “Nochero” y el muchachito encargado de ir en busca de los vacas para el tambo, era el “boyero”. Alguna historia de las novelas, por eso, terminó llamándose el “boyerito de la cara sucia”. Perdón por estas evocaciones, que suelen no interesar. Muchas veces, es lo único que tenemos en la mente; lo único que se mantienen firmes allí, son los recuerdos.

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La Calle, en sus varias vidas, supo “jugar al resero”, siendo el puesto de boyero, el paso previo. Por supuesto, el piberío en el campo es de aprender a andar a caballo al mismo tiempo que a caminar… El Destino tiene esas cosas, terminamos cambiando al caballo por el tren que era más rápido. Sin saber que los trenes dejarían de circular y hay quienes hacen 100 kilómetros para llegar a la “fiesta del caballo” y participar del desfile…

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Alguna vez habrá que entregar un pergamino a la delegación de Chacabuco que hace no menos de medio siglo que recorre los 60 kilómetros, para venir a Bragado y otro tanto para volver a casa.

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La Calle está en deuda con la redacción de un cuento. Como la imaginación no sobra, no queda otra que escribir sobre hechos reales. Es decir, cosas que pasaron y de las cuales fuimos testigos, aunque parece como mentira que hayan sucedido.

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La idea -si quedara tiempo-, es ir anotando sucesos y nombres de vecinos que fueron destacados y no merecen perderse en las rutas del olvido. El anotador está listo; lápices y lapiceras también. El mayor riesgo que existe es que se produzca una pérdida de ese preciado bien que es la memoria.

Arando con una yunta de bueyes overos, postal que pudimos ver en vivo.
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