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La Calle

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La frase de hoy: “Más se vive, menos se entienden los secretos de la política…”.

Para el 47° aniversario de la dolorosa muerte de José Rucci, La Calle había rescatado una prolija síntesis de su existencia. Por razones de espacio no se pudo publicar. Ese día, el 25 de septiembre, en Bragado se le brindó un homenaje que, pese al tiempo de su partida, actualizó la acción política argentina.

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Ha sido como si el tiempo no hubiera pasado. La influencia del llamado “peronismo”, atraviesa la historia nacional de los últimos casi 80 años. Sin embargo, el hecho de cobijar a todas las ideologías, lo ha ido debilitando. Hoy no está claro cuál es su rumbo, ni quién es quién… El radicalismo busca reagruparse; el peronismo navega en la desorientación. Los que saben dicen que sin partidos políticos, no hay democracia con ideas y proyectos.

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En la crónica de “La Voz” del acto del viernes, se hace notar la ausencia de dirigentes políticos locales en el acto realizado en el cementerio. Siendo que el sindicalista fue un soldado fiel del general Perón, no es fácil explicar ese detalle. “Rucci: la vida por Perón», es el título del artículo de Julio Bazán, que alguna vez se publicará.

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José Rucci había nacido en la estancia de un pueblito de Alcorta, Santa Fe y en su juventud fue domador… A los 22 años, se radicó en Buenos Aires y se hizo metalúrgico, trabajando en una fábrica de cocinas. Pasados los dos años, ya era delegado sindical. Estando en un acto, en Chivilcoy, fue víctima de un atentado del que se salvó apenas.

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Tenía 49 años cuando murió asesinado al salir de su casa, para ir a la CGT, de la cual era Secretario General. Recibió 25 disparos…; cuatro años después de la muerte de Augusto Timoteo Vandor, tal vez por causas parecidas: haberse enfrentado o ganado la confianza del general Perón, según el caso. Nunca se supo quién mató a Rucci. ¿O sí?. Tal vez eso explique muchas cosas, incluidas ausencias de actualidad.

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El obligado exilio de Perón, toda la última parte en Madrid, hizo que el General hiciera equilibrios, a la distancia, para quedar bien con todos. Cuando se produjo finalmente su regreso, ya cansado y enfermo, llegó la hora de definirse. Primero, eligió al odontólogo nacido en San Andrés de Giles, Héctor J. Cámpora, que no siguió su proyecto y abrió algunas puertas…

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Frente a ello, Perón debió hacerse cargo del peso de la realidad y por tercera vez llegó a la presidencia, en medio de un forcejeo para el cual no tenía las fuerzas de antes. Alentar a cada grupo, a la distancia, le había sido fácil. Cuando los tuvo juntos -en la plaza-, pero separados por distintas ideas, la cosa se le hizo difícil. En su último discurso, “con la voz del pueblo sonando a música en sus oídos…”, un grupo se fue enojado del lugar. El General se quedaba sin tiempo para pensar en reconciliaciones.
Desde entonces, cada uno tiene un Perón “a su medida”. El cerró los ojos el 1° de julio de 1974, mientras el país parece andar a oscuras…

El paraguas de Rucci protegiendo a Perón, especie de pasaporte de muerte.
Vandor fuma y espera. Había nacido en Entre Ríos e imaginó un país sin Perón
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