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La Calle

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La frase de hoy: “No hay nada que ayude a la esperanza, como un lunes con sol y un cielo azul como el río cristalino”.

Es una especie de tabla de salvación, en medio de muchas preocupaciones. Permite volver a reunirse con un manojo de esperanzas, para seguir andando los días de la realidad que suele no ser fácil de sortear en sus mayores dificultades.

Vvvvvv

Fue un fin de semana con lluvia, algo que venía haciendo mucha falta, sobre todo para el campo, aunque en la ciudad se también se la reclamaba. Cada vez son menos las calles que siguen siendo de tierra, pero es algo positivo. Es para no olvidar que de tierra somos…

Vvvvvv

Un poco de poesía: La letra de la “zamba para olvidarte”, tiene un párrafo que dice que, “las manos ya son de barro, de tanto apretar el dolor…”. Cada letra, en la voz de Mercedes Sosa, tiene un sentido mucho más profundo, aunque nada cambie en la forma de escribir las palabras. Se trata de una obra de Facundo Toro.

Vvvvvv

La Calle tenía un aire de tristeza en los ojos, de esos que no se pueden disimular. Son momentos en que las lágrimas piden permiso para salir al patio de las gastadas mejillas… Fue cuando acertó a pasar por el lugar, la canción de Armando Tejada Gómez… Ese tema, en la voz de Mercedes Sosa, es como abrir los grifos del sentimiento. “Hay un niño en el calle”, debe ser el himno a lo que no debiera ser, pero parece que no puede evitarse… Por esa suma de postales: el sol, la esperanza, las penas propias y ajenas, se decidió invitar a dar una vuelta en la bicicleta blanca…

Vvvvvvvvvv

LA BICICLETA BLANCA
-Horacio Ferrer – Astor Piazzolla.

Lo viste. Seguro que vos también, alguna vez, lo viste:
Te hablo de ese eterno ciclista solo,
Tan solo, que repecha las calles por la noche.
Usa las botamangas del pantalón bien metidas en las medias y una
Boina calzada hasta las orejas, ¿te fijaste? nadie sabe, no,
De dónde cuernos viene, jamás se le conoce a dónde diablos va.
De todos modos, si lo vieras pasar,
Miralo con mucho amor: Puede que sea, otra vez…
El flaco que tenía la bicicleta blanca;
Silbando una polkita cruzaba la ciudad.
Sus ruedas, daban pena: tan chicas y cuadradas
¡que el pobre se enredaba la barba en el pedal!
Llevaba, de manubrio, los cuernos de una cabra.
Atrás, en un carrito, cargaba un pez y un pan.
Jadeando a lo pichicho, trepaba las barrancas,
Y él mismo se animaba, gritando al pedalear.
«¡dale, dios!… ¡dale, dios!…
¡meté, flaquito corazón!
Vos sabés que ganar
No está en llegar, sino en seguir…»
Todos, mientras tanto, en las veredas,
Revolcándonos de risa
¡lo aplaudimos a morir!
Y él, con unos ojos de novela,
Saludaba, agradecía,
Y sabía repetir:
«¡dale, dios!… ¡dale, dios!…
¡dale con todo, dale, dios!…»
Pero cierta noche, su horrible bicicleta con acoplado entró a sembrar
Una enorme cola fosforescente. ¡increíble!:
Los pungas devolvían las billeteras en los colectivos;
Los poderosos terminaban con el hambre;
Los ovnis nos revelaban el misterio de la paz; el intendente,
En persona, rellenaba los pozos de la calle, y hasta yo, pibe,
Yo que soy las penas,
Lloré de alegría bailando bajo esa luz la polka del ciclista.

Después, no sé, ¡te juro!, por qué siniestra rabia,
No sé por qué lo hicimos ¡lo hicimos sin querer!,
Al flaco, ¡pobre flaco!, de asalto y por la espalda,
Su bicicleta blanca le entramos a romper.
Le dimos como en bolsa, sin asco, duro, en grande:
La hicimos mil pedazos… y, al fin, yo vi que él,
Mordiéndose la barba, gritó: «¡que yo los salve…!»
Miró su bicicleta; sonrió, se fue de a pie.
(Mi viejo flaco nuestro que andabas en la tierra:
¿Cómo te olvidaste que no somos ángeles sino hombres y mujeres?)
FLACO…,
No te quedes triste,
Todo no fue inútil,
No pierdas la fe…
En un cometa con pedales
¡dale que te dale…!
Yo sé que has de volver…

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