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La Calle

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La frase de hoy: “Llueve y es un llamado a la reflexión en torno a cosas que habitualmente no vemos”.

Es mediodía del día previo al jueves 29; el tren de las 11 ya pasó y no se sabe cuándo volverá a indicar la hora, como señal de normalidad… Para muchos, en tiempos lejanos, el tren cumplía las funciones del mejor reloj… Después empezaron a demorarse y llegó el desconcierto; hasta que finalmente los trenes se perdieron en el bosque y quién sabe cuándo volverán…

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La Calle suele sentir que está en soledad, tal como pasa cuando se escriben estas líneas. Sin embargo, surgen señales –a veces- que contradicen esa supuesta falta de lectores… El llamado de don Luis Miguel, de 91 años, fue una inyección de aliento. Llegó justo cuando, como en el boxeo, uno sentía que colgar los guantes, era la decisión más acertada. La breve charla por teléfono permitió recordar a don Arsenio, un amigo común que dejó este lugar, pero ayuda desde algún sitio. Su oficio -el de cuidar a la gente a través de la seguridad-, tiene muchos destinatarios terrenales.

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Es decir, La Calle siente la necesidad de no detenerse. Vivir es andar; mirar como las palomas toman agua en algún charco de agua cristalina y las rosas se “asoman” por el tapial vecino, que define la vecindad, pero mantiene la necesaria solidaridad.

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La Calle está tratando de hilvanar algunas reflexiones sobre el personal policial y su responsabilidad frente a la sociedad. Solo tiene como base lo vivido en años y el haber conocido a mucha gente, de los dos lados del mostrador. Hay que esperar, sin tener grandes expectativas.
-Solo tomando como base que aquí se considera que las autoridades pueden ayudar y mucho, en la tarea de reconciliación social que hace falta.

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Hay quienes afirman que hay quienes buscan aires nuevos para sentirse más libres. Las grandes ciudades terminan siendo enormes prisiones, con barrotes de cemento y guardianes que controlan todo desde los rascacielos…
-“Cuando la pandemia empuja la decisión de cumplir el sueño de cambiar de vida”, es el título de una nota de Mariana Mactas, que se ocupó de ese tema. Bragado es tierra de dónde muchos se han ido y no son pocos los que están queriendo volver…

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-¿Alguna vez pensaste en cambiar de vida? Dejar la ciudad por un entorno más tranquilo, lejos del ruido, cerca de la naturaleza, es un sueño recurrente para muchos. En esta larga cuarentena, cuando la ciudad impone sus condiciones pero desaparecen sus beneficios (teatros, cines, circuitos de consumo y placer), la tendencia crece. Además, el teletrabajo pone en evidencia que hay otro modelo posible al que obliga a estar cerca y viajar todos los días a la oficina.
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Es ahora: La decisión pendiente, que da vueltas desde hace años en las conversaciones, se pone en marcha. Los especialistas coinciden en una vieja máxima corroborada: el contacto con la naturaleza reduce las chances de enfermedad mental. Y las familias con niños pequeños, en especial aquellas que conocieron otras infancias de bicicleta y vida al aire libre, intuyen que puede haber un lugar mejor donde criarlos.

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Es una tendencia inversa a la que llevó a superpoblar las ciudades. Hay ONGs trabajando para repoblar pueblos que necesitan nuevos vecinos. Ellas dan cuenta de que el número de inscriptos para repoblar se multiplicó por diez. Mientras las cámaras inmobiliarias también coinciden con este fenómeno: Las consultas de gente que quiere instalarse en el campo crecieron diez veces desde el mes de marzo.

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El escenario tiene hasta quién lo escriba. Somos Arraigo (somosarraigo.com.ar), el medio online fundado por Candelaria Schamun y Franco Spinetta, dos jóvenes periodistas que un buen día le dijeron adiós al tránsito y empezaron una nueva historia en pequeños pueblos del interior.
-El momento epifánico aparece en el relato de los que se van: Una espera demasiado larga para cruzar una barrera, la revelación de que dos horas y media de viaje, entre el centro y la casa, en un barrio periférico de capital, era un absurdo.

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Es lo que le pasó a Lucho Andújar, diseñador gráfico instalado en su Mercedes natal con su mujer porteña, Celeste y sus dos chicos. El tiempo perdido en los traslados cotidianos, que los estudios sociológicos revelan como una experiencia infeliz, es un detonante común. O el tiempo a secas, en general: Cambiar tiempo perdido, en una edad productiva, por tiempo de calidad.

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Lucho y Celeste se sorprenden de todo lo que pueden hacer en una hora, en su “ciudad con alma de pueblo”. Donde todo queda cerca, las bicicletas se dejan sin custodia, los chicos juegan al aire libre y la gente se saluda. Dicen que ahora tienen más tiempo para ellos mismos y para su emprendimiento: La única librería (especializada en ejemplares ilustrados) de Mercedes.
-Cada vez son más las personas que deciden instalarse lejos de la gran ciudad durante la pandemia.

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