-Por Marcelo Elías

La propaganda putinesca hace eje en los supuestos avances de la UE y la OTAN sobre territorios, países, que pertenecían a la exUnión Soviética.
Se hacen eco distintos sectores inclinados a simpatizar con el régimen autoritario de Putin, al mismo tiempo que establecen lazos con las pequeñas dictaduras latinoamericanas, Nicaragua, Cuba y Venezuela, y hermanan al PJ con el Partido Comunista Chino.
Objetivamente, ningún país de la exUnión Soviética fue invadido y anexado, todos trabajaron para ingresar voluntariamente a la UE y a la OTAN.
La prueba más contundente de que la OTAN no avanzó por la fuerza y ni siquiera por la diplomacia es precisamente Ucrania, que no es miembro de la OTAN, al igual que Suecia y Finlandia, también amenazados por el gobierno de Putin.
El ataque ruso a toda Ucrania, no solo en territorios separatistas, no es una respuesta a maniobras o acciones militares de la OTAN, ya que estas no existieron.
Es más, los esfuerzos de Francia y Alemania para encaminar el conflicto por la vía diplomática llegaron al armado de una cumbre Putin/Biden, frustrada por la acción guerrera de Putin.
Hoy con la invasión materializada y la carnicería desatada en la capital ucraniana, los poderosos países occidentales se limitan a ciertas sanciones económicas, diplomáticas, deportivas y otras acciones que no guardan relación con las militares de Putin.
Las consecuencias de este conflicto son difíciles de mensurar; seguramente el orden mundial se alterará, esta mezcla de siglo XVIII y siglo XXI, invasión y apropiación de tierras con tecnologías de la comunicación e información y armas nucleares, impactará en cuestiones económicas, políticas e institucionales.
La variación de los mercados de materias primas, de las cuales Rusia y Ucrania son grandes productores, los mercados financieros y el flujo de mercaderías ya afectados por la pandemia, etc.
Además, puede potenciar la crisis de la democracia liberal en Occidente, las grietas y debilidades de las instituciones que ya vemos, incluso en EEUU favoreciendo el avance de los autoritarismos liderados por Rusia y China.
El mundo es multipolar, el multilateralismo es el gran juego de los intereses económicos de los países y regiones.
Pero en la pugna de dos sistemas de valores no se puede dudar: con todos sus defectos, con todas sus debilidades, con todas sus injusticias, debemos defender los sistemas democráticos liberales, incluso trabajando fuerte, desde posiciones críticas, para mejorarlos.
-No hay espacio para la neutralidad, las dudas o las contradicciones.

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