Obrera sublime, bendita señora;
la tarde ha llegado también para vos.
La tarde, que dice: ¡Descanso”; La hora
de dar a los niños el último adiós.

Más no desespere la santa maestra;
no todo en el mundo del todo se va;
usted será siempre la brújula nuestra,
¡La sola querida segunda mamá!.

Pasando los meses, pasando los años,
Seremos adultos, geniales, tal vez…
¡Más nunca los hechos más grandes o extraños
esfloran del todo la eterna niñez!.

En medio a los rostros que amante conserva
La noble, la pura memoria filial,
cuál una solemne visión de Minerva,
su imagen, señora, tendrá su sitial.

Y allí nuestras vidas, clavar nuestra cruz,
Nimbar nuestras vidas, clavar nuestra cruz,
la escuela ha de alzarse fantásticamente
cuál una suntuosa gran torre de luz.

No gima, no llore la santa maestra;
No todo en el mundo del todo se va…
¡Usted será siempre la brújula nuestra,
la sola querida segunda mamá!.

Almafuerte (Pedro B.Palacios)(1854/1917)

Poema,enviado a la redacción, en homenaje a los maestros, por el señor Miguel Berzoni.

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