-Por Gonzalo Ciparelli

Se me presentó espontáneamente un pensamiento que me generó satisfacción, y se trató de escribir sobre el perro, o más específicamente, hacerlo pensando en aquellos que hasta el momento compartieron lo que va de mi vida, para así, lograr un escrito decididamente sincero y verdadero. Luego de realizarlo en 3 intentos, no logré lo que esperaba, y los sentí incompletos. En ese momento comprendí lo que realmente le genera al ser humano el convivir y querer a uno, y no es más que al momento de querer profundizar en ellos, se sienta que no alcanzan las palabras para describirlos. Gracias al perro el ser humano comprende más, reforzando lo propio, acerca del sentimiento de amor, y para entender esto completamente, además de mencionar lo que me generan, también debo y es necesario entender que le genero yo a uno, y, como no es posible que lo puedan expresar con palabras, lo van hacer con evidentes actos. De esta manera, vemos como están alerta a cada movimiento que realizamos, como nos reciben con la misma emoción y alegría todos los días, sin excepción, cuando volvemos a casa. Como mueve la cola al vernos, sinónimo de euforia y felicidad. También cómo se nos acercan y se quedan dormidos a nuestro lado, demostrando así, que confían en el ser humano y se sienten protegido por este. Y cómo nos persiguen por toda la casa, instinto de manada, de elegirnos. Y es ahí donde se puede entender que para el perro, vamos a ser ni más ni menos que su única familia, su recuerdo más importante, vamos a ser quien le brindó todo lo que fue vital para que creciera y así, él poder dar desinteresadamente lo único sincero y leal que tiene, su amor.

Es cierto, en ocasiones nos van hacer perder casi totalmente la paciencia, en otras dejarán pelos en toda la casa, sin embargo lo cierto es que a corto y largo plazo la enseñanza que dejan es que no se requiere ni se necesita prácticamente nada material para lograr el estado de felicidad, solo sentir y demostrarlo sin que exista una inseguridad que lo condicione o limite.
Algunos nos van a acompañar largo tiempo. Quizá a otros entendamos que no logramos disfrutarlos realmente como hubiésemos deseado y hoy ya es tarde. Sin embargo, creo que lo realmente verdadero es que el perro es el mejor amigo del ser humano, y se debe tratar de que siempre se pueda decir, sin excepción alguna, que también el ser humano, es el mejor amigo del perro.
Elijo creer el motivo por el cual los perros tienen esperanza de vida mucho más corta en cuanto a tiempo que los seres humanos. Y no es más que porque ya nacen con el aprendizaje de amar adquirido, mientras al ser humano esto último le va a llevar años construirlo sanamente.

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