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Apuntes para el lunes de una semana especial

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Arrancó con el Domingo de Ramos, a partir de una bendición a distancia, rememorando la entrada de Jesús a Jerusalén. Allí fue recibido con ramas de olivo que, históricamente, se han convertido en símbolos de paz y esperanza. Son palabras que es bueno conjugar en todo el mundo y en cualquier momento. Ahora por ejemplo, cuando se afronta una pandemia que pone en aprietos las respuestas sanitarias, económicas y hasta religiosas… El Vaticano, Estado pequeño pero poderoso, no está siendo ajeno, al virus tan desconocido como dañino en sus efectos.
La celebración del domingo, inicio formal de la Semana Santa, encontró a la plaza San Pedro otra vez vacía, como estuvo al momento de la reciente bendición del Papa Francisco. El Santo Padre, en sus tiempos de Sacerdote, conoció de cerca las necesidades de la gente -espirituales y económicas, que en estos días están apareciendo aquí en toda su dimensión. Eso provoca un profundo desconcierto, con alguna dosis de culpa. Ocurre que faltan ideas para lograr cierto equilibrio social, tan necesario para no quedar demasiado lejos de la prédica de Jesús…
Los días que vienen -jueves y viernes, marcarán los momentos culminantes de la Semana Santa, donde Jesús dejó su ejemplo y legado, padeciendo los dolores de la crucifixión. Es posible que en estos momentos, estén pasando cosas que, de algún modo, reviven los padecimientos por él sufridos.
El sol de la Resurrección que iluminará el paisaje el domingo que viene, habrá de llegar a los habitantes de un mundo que está revalorizando cosas, como contrapartida de la angustia vivida. Que todo pase como soñamos, en aras de la paz y la esperanza.

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