Cada uno en su momento
debe de hacerse su tiempo
para sentarse en un banco
y disfrutar de una plaza.
Dirán que no es para tanto
pero solo y meditando
y poniendo en la balanza
procederes de la vida
comprenderán lo necesario
de esas horas no perdidas.
Uno se encuentra a uno mismo
y ve la vida distinta.
¡Son ratos tan placenteros!
pues ves la vida que pasa
y uno tranquilo se queda
en el banco de la plaza,
admirando cuánto brinda
la juventud de alegrías
y ves uno tras otro los coches
desfilar por la avenida.
Adornan la noche de colorido
las bicicletas que juegan
en zigzag tan atrevido
y las motos que aceleran
llenando la ciudad de ruidos.
¡Cuánta gente en movimiento!
y yo tranquila los miro
desde el banco de la plaza
hasta que se hace la hora
que debo volver a casa
con la mente despejada
tranquila y sin apuros
pero sabiendo que mañana
debo volver al laburo.
Pero ¡qué bien yo me siento!
pues encontré yo el momento
de estar sentada en un banco
y disfrutar de una plaza.

Delia E. García de Macías

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