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Big Data y como pueden usar nuestra huella digital para manipularnos

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Ayer hablamos de la importancia de la huella digital que dejamos cada vez que nos conectamos a través de un dispositivo digital a internet. Esa huella puede ser utilizada para condicionarnos e incluso para determinar nuestras elecciones. Ahora bien, si estamos siendo condicionados, ¿qué tan libres somos a la hora de tomar nuestras decisiones, ya sean de estudio, trabajo, o incluso a la hora de votar?

AGAMOS UN POCO DE HISTORIA
En la antigüedad los ciudadanos griegos se reunían en el ágora a debatir y resolver los problemas de la poli, siglos más tarde los romanos de la república repetían esta práctica en la plaza pública. La plaza era ese lugar de encuentro, de debate y donde todos eran igualados en su condición de ciudadanos. Esta tradición se mantuvo a lo largo del tiempo, era en las plazas donde durante la modernidad se realizaban la política y sus respectivos debates en las denominadas asambleas.
Esta práctica se interrumpió durante el surgimiento de los estados naciones, ya que resultaba imposible realizar las reuniones que congregaran a todos los ciudadanos de un país para la toma de las decisiones. Fue así que abandonamos la democracia asamblearia y adoptamos el modelo de democracia participativa. La representación implicó la toma de decisiones durante el acto eleccionario y con ello el ciudadano perdió su condición de debatir y decidir a cada instante, para solo ejercer este derecho durante determinada cantidad de tiempo transcurrido delegando nuestra soberanía a nuestros representantes.
Durante mucho tiempo esta fue la solución que encontramos las democracias para garantiza la organización de las sociedades que adoptaron esta forma de gobierno. No obstante, con la llegada de internet, la posibilidad de volver a debatir sobre cada una de las cuestiones y de tomar decisiones para la participación se han vuelto factible. Al menos en teoría.

BIG DATA O BIG PROBLEM…
Como dijimos ayer, cada vez que navegamos por internet, dejamos nuestra huella digital, con ella estamos filtrando una gran cantidad de datos, pero ¿cuántos datos estamos dejando? Según un informe de Data Never Sleeps, con cada click que hacemos al navegar, con cada like que damos o cada película que vemos, cada uno de nosotros genera un promedio de 1,7MB/s (megabites por segundo), o lo que equivale a escribir un libro de 1600 páginas por segundo, eso es mucha información y muchos datos que dejamos en nuestra huella digital.
Toda esta información es almacenada por empresas, servidores, gobiernos, entre otros y se lo conoce como Big Data. El Big Data es un conjunto grande de datos, tan grande que se necesitan programas especiales para procesarlos. Ahora bien, esos datos sirven para la toma de decisiones. Por ejemplo, con cada like que damos a una publicación de una foto de una piza, la pizzería sabe si estamos en el barrio o no y si queremos la misma piza que comimos la semana pasada o no. Con grandes volúmenes de datos se pueden hacer predicciones para los usuarios, los denominados algoritmos.
Pero ¿hasta que punto este gran cúmulo de información puede predecir nuestras conductas? Pues le sorprenderá estimado lector ver el alto grado de precisión que tienen. En Estados Unidos la famosa cadena comercial Walmart tiene un sistema de cámaras inteligentes que detectan las emociones de los clientes, así muestra anuncios acordes a sus estados de ánimo. Pero no termina allí esas mismas cámaras incluso detecta las “conductas sospechosas”, lo que los llevó a la firma a afrontar muchas denuncias por racismos.

A DONDE NOS LLEVA EL BIG DATA
La pregunta entonces es a donde nos lleva este cúmulo de datos. Uno de los caminos que ya se está vislumbrando es la precarización laboral. Las empresas buscan reducir sus costos de producción en forma permanente, normalmente lo hacían por tres vías, despidos de personal, buscar proveedores más baratos, o trasladar sus fábricas a donde la mano de obra es más económica. Pero el Big Data la eficiencia se eleva a otro nivel.
El pasado 18 de enero de 2021, el periódico The New Yorker, publicó una nota del alcance de la precarización del trabajo por algoritmos. En ella dice que las empresas pueden asignarte diferentes horarios o sucursales de trabajo según las demandas a las que se enfrenten. Así se definirán los horarios de trabajo en función de la asistencia de los clientes, las horas muertas y horarios picos, incluso sin saber que turnos u horarios tocarán la semana que viene, así las empresas definen sus turnos rotativos por algoritmos. Si creen que se exagera en estas palabras los invito a que busquen por internet el caso de María Fernandes, quien murió en el traslado de una sucursal a la otra y que hoy es emblema del trabajo precarizado por algoritmos en los Estados Unidos.
Pero esto no está afectando solo a las relaciones laborales, también al ámbito académico. Cathy O´Nell en su libro “Armas de destrucción matemática”, explicó como la misma lógica se aplica en las universidades de Estados Unidos donde el criterio de posicionamiento está dado por fórmulas matemáticas, ranqueando así a cada casa de estudio. De esta manera las universidades ya no trabajan para alcanzar un conocimiento crítico, sino para alcanzar mejores estándares en función del ranking, ya que las inscripciones a estas variarán según el puesto y se estima que, por cada caída de un lugar en esta lista se pierden entre un 5% al 10% de inscripciones en relación al año anterior.
Incluso periodismo está siendo afectado por estas reglas. E hecho que cualquier video de YouTube, nota o publicación en redes se pueda medir, hace que el periodismo se vuelva un esclavo de las métricas. Si yo sé por las métricas que notas son las más leídas y cuales no, comenzaré a escribir sobre los temas más leídos y quizás deje de lado otros que podrían tener un impacto informativo más relevante. El problema es que el algoritmo castiga y desincentiva lo nuevo porque todos quieren hacer lo que ya se sabe que funciona.

ESTADOS Y CIUDADANÍA DIGITAL
Hablar de combinar Big Data con empresas no lleva al lado más oscuro del capitalismo, pero combinarlo con estados nos lleva al más oscuro totalitarismo. Ayer advertíamos sobre esto al hablar de la huella digital y el concepto panóptico de Foucault. Tras los ataques del 11 de septiembre a las torres gemelas y Washington, el congreso norteamericano aprobó la denominada “ley patriótica”, mediante la cual el estado puede vigilar a la población con la excusa de prevenir actos de terrorismo. En ese momento internet era insipiente y el número de ordenadores limitados, de hecho, los smartphones no existían. Sobre los datos que aportamos en este texto usted podrá hacerse una idea del alcance de información que el gobierno norteamericano tiene sobre sus ciudadanos solo con la huella digital que dejan.
Pero Estados Unidos no es el único estado que realiza esto. China 2018 comenzó a utilizar el reconocimiento facial en cada una de las cámaras de vigilancia bajo el pretexto de la denominada “prevención de la propensión a la inmoralidad”, algo similar a Walmart y su “conductas sospechosas. Siempre los estados encontrarán el pretexto adecuado para implementación de estas tecnologías, por ejemplo, Japón en 2.021, obligó a sus ciudadanos por la pandemia del COVID-19 a instalar en sus celulares una app para controlar la población, saber dónde estaban, circulaban y a registrar sus síntomas.
En definitiva, resulta imposible hoy en día no dejar una huella digital, pero como veíamos ayer, si saben nuestros gustos y preferencias, nuestras opiniones y posiciones, resultará imposible no ser sometidos a estrategias de manipulación, sino pregúntense que pasó con Facebook y el escándalo de Cambridge Analytica en las elecciones presidenciales de 2.017. Ahora si podemos ser víctimas de la manipulación, como podemos evadir las mismas, bien construyendo nuestra ciudadanía digital, de la cuál hablaremos mañana.

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