Carta de despedida de un hermano dolido

Todos sabemos que algún día partiremos, y una persona enferma lo sabe más que nadie. La muerte de un ser querido duele siempre, pero duele mucho más cuando la burocracia, la desidia y la falta de empatía se complotan para nuestra desgracia.
Mi hermano fue diagnosticado en Noviembre de 2022, de estenosis aórtica y lesión de circunflejo, un cuadro que exige una operación de manera urgente y la coordinación de todas las partes actuantes, cosa que no ocurrió hasta un estadío muy tardío, demasiado tarde para él.
En el período que va desde el 23 de Diciembre de 2022 y el 01 de Febrero de 2023 (40 días), mientras íbamos de un lado a otro tratando de encausar su tratamiento, mi hermano fue internado en 6 ocasiones. La anteúltima de ellas en estado muy grave y la última en estado de angustia y temor.
Después de transitar una y otra vez por PAMI para destrabar el camino hacia la operación, nos dijeron que era un paciente ambulatorio. Si tuvo una descompensación por semana en esos 40 días, cómo podría llevar esa situación en su casa?
Llegado a este punto, fui a hablar con el médico de cabecera y me sugirió que fuera a PAMI. La doctora actuante del PAMI me destrató y me insistió en que nada podría hacerse porque EN ESE MOMENTO estaba internado en una institución (cabe destacar que tendré un eterno agradecimiento por el trato que recibió allí). El punto es que entraba y salía del hospital pasando del estado “internado” al estado “ambulatorio” sucesivamente, lo cual nos hacía escurrir el tiempo y por momentos las esperanzas viendo que nada se hacía por la salud de mi hermano.
El día Martes 31 de enero, en su quinto y más severo ataque, mi hermano llamó desesperado a las 2 de la madrugada al 911. Acudieron urgentemente la Policía y la ambulancia, y la Dra. de PAMI se mostró ofuscada por la hora del llamado, siendo que ella había indicado que el paciente era ambulatorio.
Luego de una breve internación y alta, el día Miércoles 01 de Febrero empezó la interminable cuenta regresiva de 78 días ininterrumpidos de internación y espera. Durante esa internación y espera, mi hermano, desde el hospital, vio pasar el caluroso y seco verano y también los primeros fríos de Abril, hasta el mismísimo día tan ansiado del 20 de Abril, fecha fijada para la operación.
Ya era tarde, cuando finalmente creímos que tendría su ansiada recompensa, su corazón cansado de esperar, claudicó y con él todas nuestras esperanzas.
El final de esta historia pudo ser diferente, la sensación que nos queda es que PAMI no nos representa ni nos cuida. No sabe, no quiere, no puede?. Nadie tiene respuestas pero es evidente que hubo fallas groseras, un paciente cardíaco de riesgo no puede esperar 78 días para recibir una válvula aórtica, es inadmisible.
Eduardo Vergara
DNI 5.527.631

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