Press "Enter" to skip to content

Cómo es lucharla, llegar a lo más alto y respirar una pasión que mueve el alma

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Camila Pina es licenciada en Folclore y Tango, integra un ballet de primer nivel y hace todo lo posible para compartir la cultura.

Todo comenzó cuando era muy chica. Su madre bailaba folclore y esa pasión viajó de un cuerpo al otro. El primer paso fue acompañarla a los ensayos y, al poco tiempo, el “che, yo tengo ganas de arrancar” no dejó dudas.
Camila Pina tiene 30 años y sabe muy bien qué es llegar lejos, aunque consciente de que lo mejor está por venir. A pura humildad, abre su corazón y regala una historia cargada de momentos emotivos.
Sus pasos iniciales los dio en el ballet Estampas Nativas de Mirta Benozzi. Dos por tres venía un profesor a brindar capacitaciones. “Ahí yo me entero, por medio de él, que hay una universidad de arte, en Capital, donde se puede estudiar folclore”, refresca. Para esto, ya andaba por los 16 y había comenzado a bailar tango.
Terminó la secundaria. La pregunta típica ya tenía respuesta. Así, ingresó al entonces Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA) -hoy Universidad Nacional del Arte (UNA)- para estudiar Licenciatura en Folclore y Tango.
Se recibió en 2013, tras 6 años de una intensa formación. Le llena el alma confesar que a esta carrera la volvería a elegir “una y mil veces”, pero reconoce que “no es sencilla”, ya que son pocos los que logran conseguir trabajo y vivir de lo que aman.
El gran paso estaba, pero decidió reforzarlo con danza contemporánea y clásica, y jazz. Según comenta, esto es “el mayor complemento” para la licenciatura. También brilló en una compañía independiente que formó con compañeros de estudio, la que dejó cuando se dedicó de lleno al tango, con participación en los mundiales de 2015 y 2016.
Allá por noviembre de ese año par se da una audición para el Ballet Folklórico Nacional. Brilló una vez más y quedó. Se trata de otro gran paso porque siempre ”fue un sueño” que quería cumplir, como indica. El grupo está conformado por 40 bailarines, entre ellos su compueblano y amigo Hernán López.
Cuando algo no está bien, la lucha aparece para cambiar el destino. En ese contexto, apunta que junto a la compañía nacional de danza contemporánea buscan la ley de jubilación para bailarines nacionales, así se dignifica la profesión y el beneficio llega a una edad que tenga en cuenta el desgaste físico.
Consultada por folclore o tango, cree que se queda con el primero porque “es más tierra, es más carne”. Pero al segundo género lo elogia por igual, cuando agrega que “es magnífico conectar con una persona a través de un abrazo”.
Se imagina en el escenario. Suspira. Suelta un “conexión y compartir” para lo que se siente que la cargan de energía. “No siempre uno disfruta plenamente y está pleno bailando. Puede suceder que un día no suceda nada o suceda poco y puede ser que un día te suceda la vida entera”, añade.
Le gustan los desafíos y afirma que es muy inquieta. “Estoy constantemente haciendo cosas y queriendo aprender cosas. Siempre quiero saber algo nuevo. Me aburro rápido, las rutinas me matan, entonces siempre estoy como queriendo hacer cosas nuevas”, expresa.
Las metas vuelven a sonar. Es cuando menciona los viajes a distintas partes del mundo para intercambiar ese conjunto único, por su “necesidad de compartir todo”. “Somos cultura y como tales no podemos vivir sin ella”, redondea Camila, que también da clases por varios lugares.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin