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Democracia y partidos políticos

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-Por el Dr. Gustavo A. Benalal

Bernard Manin (“Principios del Gobierno Representativo” 1999 Editorial Alianza) profesor de la Universidad de New York enseña que “…cuatro características han prevalecido en todo régimen representativo desde que esa forma fue inventado hace siglos”, y que hoy resuenan especialmente en el siempre revoltoso clima político argentino.
Los gobiernos son designados en elecciones que se realizan a intervalos regulares. Los gobiernos conservan – en sus decisiones – una cierta independencia con respecto a la voluntad de los electores. Los gobernados pueden expresar sus opiniones y su voluntad política sin que estas se sometan al control de los gobernantes. Las decisiones públicas están sujetas a la “prueba del debate”.
En su proceso de democratización, el gobierno representativo paso de la democracia representativa a la democracia parlamentaria del siglo XVIII y a fines del siglo XIX y principios del XX a la democracia de partidos y en la actualidad estamos en la democracia de audiencia.
Manin analiza el paso de la Democracia de partidos a la Democracia de audiencia como una desaparición de las lealtades y sumisiones de los electores a los Partidos tradicionales que – sin desaparecer – sufren una erosión lenta. El radicalismo quizás sea un ejemplo valido en Argentina.
Una cada vez, mayor cantidad de electores ha dejado de votar por los Partidos como hicieron sus padres y antes sus abuelos, insensibles a las coyunturas, arraigados en determinantes de clases o de religión. Esos electores menos fieles a veces votan por una alianza. Con frecuencia oscilan entre el voto y la abstención.
A la vez inestable e informado, ese electorado conduce a sus representantes a defender sus argumentos ante los ciudadanos mismos: “el debate de los problemas específicos ha salido del ámbito del Parlamento o salido del ámbito de los comités partidarios. Ahora es llevado ante el público a través de los medios de comunicación”, precisa.
Pero Manin no quiere decir que los partidos políticos pierden su importancia. “Aún son esenciales en dos terrenos: las votaciones en los parlamentos siguen estando determinadas por consignas partidarias y las formaciones políticas continúan dominando la arena electoral. Son los partidos quienes organizan, financian y preparan las elecciones” señala.
Algunos de sus colegas piensan que esa nueva forma de cesarismo o de populismo bien puede considerarse una violación de la democracia representativa. Una identificación no critica de las masas a un líder elegido gracias a una campaña que manipuló con la complicidad activa del sistema mediático es una violación de los principios de la democracia representativa, afirman.
Manin está de acuerdo. “Hay violación de la representación cada vez que un líder pretende encarnar solo la totalidad de la comunidad, ignorando diferencias y tendencias. El Cesarismo transgrede una regla fundamental del gobierno representativo, sobre todo si el pretendiente a Cesar consigue descalificar a sus adversarios potenciales o a impedirles el acceso a la competencia”. Pero “no es lo que observamos en las democracias establecidas”, aunque no habla específicamente de las sociedades latinoamericanas y menos de la argentina.
Manin no cree que la democracia representativa esté en crisis sino que se trata de las diferentes etapas de la metamorfosis de la representación. “Los dos indicadores más serios de una crisis son una reducción de la participación electoral y el relativo descredito de la clase política. Pero en realidad, la participación fluctúa en función de cada elección y “cuando la elección es percibida como muy importante, la participación suele aumentar en forma espectacular.
Tampoco cree en el desapego a la democracia participativa, si bien es cierto que cada vez son más los ciudadanos que declaran su escasa confianza en los políticos.- “Nadie suele retirarse en la apatía. La mayoría de esa gente se lanza en formas de participación políticas diversa, tanto electorales como no electorales”, dice.
Para Manin – el sistema es capaz de adaptarse a los vertiginosos cambios impuestos por la globalización.- “Que las modificaciones establecidas en el Siglo XVIII hayan sobrevividos a las dislocaciones sociales provocadas por la Revolución Industrial; que hayan sido incluso capaces de pacificar el conflicto de clase e integrar a la clase obrera es la mejor ilustración” y finaliza: “Los hombres no han sido hasta hoy capaces de inventar un mejor sistema político”.
Luego de entender a Manin se puede concluir que «La Democracia no tiene por finalidad lograr la felicidad de todos, sino crear condiciones de posibilidad para cada uno eliminando las fuentes más evidentes de infelicidad».

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