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Día 181: Mi primo, mi hermano

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-Alejandro Echave recordando a su primo Jorge Mussari

Hacia unos días que la idea me daba vueltas…Hoy lo nombraron y salió… (gracias Rubén Néstor Bagattin)
-Todos, o casi todos, saben que soy el mayor de tres hermanos, dos de ellas mujeres.
Aquellos quienes no tienen hermanos mayores, sobre todo varones, podrán entender un poco más de lo que hablo y los que sí lo tienen, lo entenderán mejor aún.
Todos, de pibes, tuvimos un mentor a quien seguir…no hablo de ídolo deportivo, ni líder inalcanzable, ni ejemplo de nada.
Era simplemente el que nos marcaba el camino, el que nos enseñaba casi todo, el que nos hacía calentar hasta el llanto, pero también nos defendía en las peleas, simplemente porque era más grande, y para nosotros lo sabía todo.
En mi caso fue mi primo, mi único primo hermano, porque por esas cosas que tiene la genética, mi viejo y sus hermanas tuvieron seis hijas mujeres y solo dos varones. Imagínense entonces las grandes reuniones familiares, cumpleaños, navidades y años nuevos…solo dos varones. Obviamente los protegidos de los abuelos.
Mi primo, Jorge, Jorgito, el “Loco”, o “El Loco Mussari” para todos. Cuatro años más que yo, pero en muchas cosas parecíamos hermanos mellizos.
El Loco me enseñó, o yo creo haber aprendido, casi todo…. a andar en bici, a manejar, a cazar, a remontar barriletes, a robarle caramelos al abuelo, era el compañero de pesca, el que pedía permiso a mis viejos para irnos un día entero al San Ramón en bici, día que terminaba a veces entrada la noche y al llegar nos esperaba la Abuela Elena “con el corazón en la boca”, según ella.
Compinche, cómplice, capaz de rajarse la noche de navidad (conmigo, obviamente) a ver alguna novia clandestina volver 5 minutos antes de la cena, o de hacerse un viaje hasta Córdoba y volver (luego de haber desconectado el velocímetro) para ir a visitar a esa novia que se había ido y le había roto, en serio, el corazón, aunque por hacerse el duro no lo admitía….(debo confesar que a mi si me lo contaba).
El loco era el que estaba en quinto año de la secundaria cuando yo entré a primero, lo cual implicaba ser un protegido ante cualquiera que se hiciera el vivo.
Amante de los autos tanto como de los caballos. Siempre a lo que dé en su Chevrolet 400, o en el Dodge 1500, o en la Citroneta, a la que a mano le había pintado “TOLLOTA”, pero siempre fierro a fondo (algún palo se dio también, uno de esos el día que mi prima, su hermana, cumplía los 15, ¿te acordás María Cecilia Mussari?
Llegó a correr en Cafeteras y hasta pilotear un Fórmula 4. Era realmente bueno al volante.
Tenía una inventiva genial para poner sobrenombres, de hecho a él le debo ser para siempre el “Pata”, que extrañamente deriva de “Patandro” por Alejandro y que a su vez venía de “Patanchero”, que solo él sabía lo que quería decir y que me lo repetía hasta el cansancio porque yo me enojaba. Así, varios de los pibes del barrio fueron bautizados por el…
Le gustaba tanto el estudio como el aceite de ricino…era así que mi Abuela gastaba fortunas en velas porque el Loco se llevaba en promedio 12 o 13 materias por año. Y las daba todas, velas mediante y bajo amenazas del Viejo, que jamás se cumplían.
De una contextura física increíble, para lo único que era malo era para el fútbol, tan malo era que en un partido en la hora de educación física de la escuela, por trabar mal una pelota se quebró el fémur. Yo estaba ahí, el ruido de ese hueso fue como una rama cuando se quiebra. De esos días que no me olvidaré más…
Así compartía mis años de pendejo, siguiéndolo, en todo, admirándolo y bancándome las gastadas, porque era tremendamente hinchapelotas con eso.
Ya después de los 20 y si bien nos veíamos poco, seguimos haciendo las mismas achurias que antes, sin dudas ya había alguna admiración mutua y las bromas de antes pasaron a ser charlas de amigos, casi hermanos. Por algo le pedí que fuera el padrino de mi primera hija…
El loco encontró su horma de zapato, la compañera que buscó siempre, tuvo a la hija que siempre soñó con tener, pero la vida le jugó en contra. Se fue demasiado joven sin haber podido disfrutar todo eso que, a pesar de no haberlo demostrado nunca abiertamente, siempre soñó.
Seguramente andará por ahí corriendo una picada con el Chevrolet, o montando el más arisco de los caballos, jugando un partido al pato con su gran amigo Néstor o tal vez tirando las líneas para ver si sale alguna tarucha.Ya nos encontraremos alguna vez, loco querido.
Hasta mañana chiquilines. Que sueñen hoy con aquel hermano, primo o amigo mayor al que tanto seguimos y seguramente tanto nos enseñó.
Salud!!

Alejandro “Pata” Echave
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