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El “otro Maradona” y su asombrosa historia de entrega al prójimo

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-Fue un médico rural santafesino, que dedicó su vida a la atención de personas de bajos recursos en Formosa -Una personalidad austera y fascinante

Si uno dice el apellido Maradona, en todo el mundo piensan en lo mismo. Fútbol exquisito, gloria, fama, excesos y una muerte, que conmovió a todo el mundo. Pero hay otra persona que comparte el mismo apellido, con otra historia. Se llamaba Esteban Laureano Maradona y fue un médico rural.
Nacido en Santa Fe en una familia de clase media numerosa -tenía 13 hermanos-, estudió la carrera de medicina en la UBA, donde se recibió con diploma de Honor. Allí fue discípulo de Bernardo Houssay y Pedro de Elizalde.
A lo largo de su vida, fue perseguido por el dictador José Félix Uriburu. A raíz de esa situación, estuvo exiliado en Paraguay cuando había estallado la Guerra del Chaco. Eso lo convirtió en camillero de los soldados de ambos bandos.
¿Cómo se hizo médico rural? Es una historia curiosa. Al volver a la Argentina, tenía como plan visitar a su hermano en Tucumán. Corría la década del 30. El tren que lo trasladaba sufrió un desperfecto en Estanislao del Campo (Formosa).

El pueblo no tardó en saber que había un médico varado. Lo buscaron para que atendiera un parto. Se quedó unos días para asistir a la mujer. El tren fue reparado y partió sin Maradona, que se quedó 51 años… trabajando por los más necesitados en esa provincia de gran pobreza.
“Su personalidad era compleja. Recién al final de su vida, fue descubierto por el gran público y tuvo una especie de estrellato. La televisión se encantaba con las imágenes de un médico que atendía gratis y estaba todo encorvado”, recordó en una reciente entrevista Martín Sierra, guionista y director de la película “Maradona, médico de la selva”.
Laureano Maradona murió en 1995:“Fue alguien que vivió -agregó Sierra- casi con lo que le daba la naturaleza. No le gustaba la luz eléctrica. En invierno, se iba a dormir temprano. Y, en verano, algunas horas más tarde. Escribía a máquina o en pedazos de papel con una letra chiquita. Era un tipo bastante solitario, pero a su vez se integró a su comunidad, que lo estimaba mucho. Esa dualidad es muy interesante”.
Amante de las largas caminatas y de los exploradores y naturalistas Félix de Azara y Alexander von Humboldt, fue un ejemplo de un hombre múltiple, lleno de inquietudes. Y de una vida dedicada a la atención médica gratuita.
Falleció el 14 de enero de 1995 en Rosario, a pocos meses de cumplir los cien años. Un tiempo antes, escribió los siguientes versos:
-“Vuelvo con las manos vacías. Todo lo he dado. Luz de las estrellas para alumbrar el camino. Mi corazón humilde se lo ofrecí al destino”.

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