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El reencuentro y eso tan particular del vino

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-Por un simple observador

Primero fue el contacto. Había corrido tanto tiempo que algunos datos ya se habían escapado. Era algo natural, como le pasa a muchos.
A uno, después de ese reencuentro, le hizo mucho ruido lo del tango. Los 20 años no llegaron a ser, pero la década pasó y dejó marcas.
Tampoco encontró el porqué. Hay cosas que pasan porque tienen que pasar, más allá del intento. A veces, no interesa demasiado ese motivo.
-Lo pasado, remil pisado –dijo con mucha seguridad-. No pasa nada.
-Me hace bien –respondió con alivio- que no me guardes rencor.
Era luz, como antes. Lo reforzó con su “live, love, laugh” y con el rosa favorito que, seguramente, tenga algo que ver con su septiembre.
-Necesito tu ok –soltó en esta previa-. No me gusta pasar sin avisar.
-Dale para adelante. Ja, ja, ja.
Así, lo del dolor que queda en segundo plano con una sonrisa volvió a sonar. Y como nunca.
Ya había terminado la reproducción mental del tango. De golpe, apareció eso que también hace especial al vino. Lo mejor es así.

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