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El Santuario de San Nicolás, un milagro nacido a orillas de un arroyo

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En septiembre de 1983 una humilde vecina de la ciudad bonaerense comenzó a recibir mensajes de una aparición a la que después identificó como la Virgen del Rosario. En esos mensajes estaba la voluntad de estar “en la ribera del Paraná”. Gracias a donaciones, se construyó un inmenso Santuario que recibe 1.500.000 peregrinos anuales. Y San Nicolás se convirtió en “la ciudad de María”.

Por Marcelo Metayer, de la Agencia DIB.

San Nicolás es una ciudad del norte bonaerense que se derrama a orillas de un brazo del Paraná llamado arroyo Yaguarón. Desde la década del ‘50 del siglo pasado su identidad estuvo vinculada con la producción metalúrgica y se la llegó a conocer como “la ciudad del acero”. Pero allá por 1983, una humilde vecina comenzó a recibir mensajes de la Virgen María, que le anunció que tenía intenciones de instalarse en el lugar: “Soy Patrona de esta región… Quiero estar en la ribera del Paraná”. Tres años después empezó la construcción del inmenso Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás. El templo aún no fue completado, pero recibe un promedio de 1.500.000 peregrinos anuales de todo el país y de naciones vecinas, atraídos por uno de los mayores fenómenos espirituales de Argentina, que le terminó cambiando el apodo a San Nicolás por “la ciudad de María”.

Primavera del ‘83
Todo empezó el mes de septiembre de 1983. El sábado 24 Gladys Herminia Quiroga de Motta, una mujer muy religiosa que en ese entonces tenía 46 años, vio iluminarse el rosario colgado en su habitación y rezó. Primero con vecinos presentes, que vieron el fenómeno y luego sola. Al día siguiente, domingo 25, mientras rezaba se le apareció la Virgen María con el Niño Jesús en brazos y un rosario. Según contó Gladys, la aparición fue silenciosa: solo hizo el ademán de darle a la mujer su propio rosario.
“Vi a la Virgen por primera vez”, escribió más tarde la mujer. El 7 de octubre, en la fiesta del Rosario, Gladys de Motta se animó a preguntarle a la aparición “qué esperaba de nosotros. En ese momento la imagen se borró y apareció la visión de un Templo”.
El 15 de noviembre de 1983 la Virgen le habló: “Soy Patrona de esta región; haced valer mis derechos”. El 24, Gladys se dirigió con un grupo de personas al campo cercano a su casa. En el medio de la noche apareció un rayo de luz que marcaba el lugar exacto donde se construyó el Santuario; además de la mujer, también lo vio una nena de 6 años.
El 27 de noviembre la mujer vio en la Catedral la imagen de la Virgen del Rosario, relegada al campanario por su estado de deterioro, y reconoció a la aparición que le habla desde hacía ya dos meses. La Virgen le dijo: “Quiero estar en la ribera del Paraná”.
En 1985 el Municipio de San Nicolás donó el terreno para el Santuario (el “Campito”). El 25 de febrero del año siguiente se realizó la primera misa en el lugar. El mismo día pero en agosto monseñor Salvador Castagna anunció en su homilía la colocación de la piedra fundamental del Santuario. Y el 13 de octubre de 1987 comenzaron las obras.

Segunda parte
En ese momento empieza la segunda fase de esta historia. “En todo primer acontecimiento hay un mensaje, la Virgen se da a conocer a Gladys y después naturalmente el mensaje va dejando lugar al hecho por sí solo. Son procesos y etapas”, asegura a DIB el párroco Luis Prieto, actual rector del Santuario. De hecho, el libro “Mensajes” atesora los casi 1900 dictados de la Virgen y de Cristo a Gladys de Motta entre 1983 y 1990, año en que monseñor Castagna anunció la necesidad de poner fin a la divulgación de los mensajes «por considerarlos suficientes y para evitar que se desvirtúen”. De todos modos, Gladys continúa recibiendo mensajes al día de hoy.

Ladrillo sobre ladrillo
Mientras tanto, el Santuario se fue construyendo paso a paso. “En 1989 se terminó la primera etapa de la construcción. Las bases de la cúpula se finalizaron en 2000. La obra siempre fue al ritmo de las donaciones. Aquí no hubo grandes dádivas. Como manifestaba siempre monseñor Castagna, ‘el único padrino del Santuario es el pueblo’. Nadie hizo grandes aportes, solo los pequeños aportes de la gente sencilla, que pone de manifiesto su amor a la Virgen”.
“Vamos a cumplir 38 años del acontecimiento y la parte edilicia del templo está terminada -continúa el sacerdote-. Faltan terminaciones, las luces, un ambulatorio que está dentro del templo, barandas, el piso, las dependencias externas y el revestimiento final del templo”.
Una vez finalizado, “el Santuario tendrá una capacidad para 6.000 personas. Nosotros los 25 -de mayo y septiembre, cuando reciben más gente- usamos el Campito, lo que llamamos el Templo exterior. Allí hay un altar y toda una explanada donde entran más de 70.000 personas”.
La cifra parece enorme, pero la verdad es que en promedio, y en épocas normales, sin pandemia, llegan al Santuario 1.500.000 personas al año. “Los meses más fuertes son septiembre, cuando se hace la Novena, todo el mes, y el 25 de mayo, que naturalmente se terminó convirtiendo en una fecha con gran movilización de gente. Además, claro, de Semana Santa. En septiembre de 2019 llegaron unas 400.000 personas para las jornadas del 24 y 25. Hace unos años esos días cayeron sábado y domingo y se calcula que asistieron unas 700.000 personas”, cuenta.

Búsquedas y milagros
¿Qué busca tanta gente? “Fundamentalmente, el sacramento de la Reconciliación, que es el gran milagro de San Nicolás”, afirma el rector del Santuario. Hay otros milagros, claro. Se habla de curaciones milagrosas, de conversiones, de búsquedas. También, de uno de los fenómenos más mencionados y que también aparece en otros lugares donde se manifestó la Virgen: la llamada “danza del Sol”. “Yo fui testigo de ese fenómeno el 25 de mayo de 1986, ese día fue muy masivo. Era seminarista y estaba acompañando la imagen de la Virgen que salía de la Catedral hacia el Campito. Cuando íbamos en la procesión el Sol estaba muy fuerte. Pero levanté la vista y tuve una sensación de que el sol iba y venía y lo podía mirar sin que me hiciera daño a los ojos. Entonces le digo a mi compañero, que iba atrás mío: ¿Vos ves lo que yo estoy viendo? Me responde que sí. Cuando el portador de la cruz, que iba encabezando la procesión, pone el pie en el Campito, apareció una nube chiquitita que se abrió y se formó como una cruz, en un cielo completamente despejado”, cuenta Prieto.

Celebración en pandemia
El año pasado, con la pandemia de coronavirus, las multitudes dejaron de ser bienvenidas en todas partes. También pasó en San Nicolás. “Cerramos el Santuario el 15 de marzo del año pasado. Ahora está abierto y viene gente. Lo que no recibimos, y así lo estamos expresando, son peregrinaciones masivas, micros ni nada de eso. Mientras tanto seguimos transmitiendo las misas por Facebook y YouTube. En Semana Santa tendremos las celebraciones normales”, asegura el rector.
¿Qué sucederá este 25 de septiembre? Imposible preverlo, todavía. Pero más allá de la asistencia física o no, es seguro que el corazón de muchísima gente estará puesto en esa ciudad del norte bonaerense, donde un día de 1983 un rosario comenzó a brillar y la historia cambió para siempre.

Fuente: DIB.

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