“El sátiro de las niñeras”, el crimen de Sandra y el ADN que pudo descubrir un horror

A Sandra Ayala Gamboa la violaron y mataron en 2007 en una casona en construcción en pleno centro de La Plata. En 2010 fue detenido un hombre en Misiones. Por rastros genéticos se lo vinculó con ese caso y otros siete abusos.

“Amor, me fui a ver un trabajo”. Ese mensaje fue el último que escribió Sandra Ayala Gamboa. Se lo dejó a su pareja en una pensión del centro de La Plata en el que vivía. Fue el 16 de febrero de 2007, cuando la joven de 21 años, que había llegado con sueños de ser médica desde Perú a finales del año anterior, se dirigió junto a un vecino a un edificio de la ex Dirección de Rentas bonaerense, dependiente del Ministerio de Economía, ubicado en las calles 7 entre 45 y 46. Una vez allí, la joven se reunió con el hombre que la había contactado para darle un trabajo de niñera. El supuesto empleador detuvo la marcha frente a una casona en construcción y pidió que lo esperaran unos minutos porque tenía que ir a lo de una hermana a buscar a los hijos para presentárselos a Sandra. Su vecino se fue, ella se quedó sola. Desde esa tarde, no se supo nada más de la joven, cuyo cuerpo apareció nueve días después en avanzado estado de putrefacción. La autopsia fue concluyente: había sido golpeada, violada y estrangulada.
El caso de Sandra puso de relieve otros hechos de violación en la capital provincial registrados en los meses anteriores. Todas las chicas abusadas eran jóvenes, peruanas o del norte del país y pobres. Y en todos los casos fueron a buscar trabajo de niñera con el que luego sería su violador. Sin embargo, pasaron tres años hasta que detuvieron a ese hombre que citaba a las jóvenes con la excusa laboral. Se trataba de Diego Cadícamo, un maestro mayor obras de 33 años, conocido como el “sátiro de las niñeras” o el “sátiro de la bicicleta”.
La desaparición de Sandra fue el 16 y pese a la denuncia de su familia, el cuerpo recién se encontró el día 22, cuando un bombero detectó un olor raro. Estaba en un sector de archivos de la ex dirección de Rentas. Boca abajo y semidesnuda. Allí el violador la había atacado y estrangulado con una remera.

Hipótesis
Primero se vinculó al caso con la trata de personas. Después se puso el foco en el vecino que la acompañó a la “entrevista laboral”. Pero nada de eso prosperó hasta que el fiscal platense Fernando Cartasegna (hoy apartado de la Justicia y con una condena en su contra) encontró ADN en una colilla de cigarrillo que estaba en la escena del crimen y conjeturó la hipótesis de un asesinato.
Recién en 2010, Cadícamo fue detenido en Apóstoles, en la provincia de Misiones. Hasta allí había llegado tras varios años en La Plata. El sujeto a bordo de una moto raptó a una nena de 14 años, a la que además de golpearla sometió sexualmente en un descampado cercano a un establecimiento yerbatero. Ese caso fue el disparador para que el fiscal platense cruzara los datos no solo con el ADN encontrado en la escena del crimen de Sandra. Porque había en estudio otros siete episodios de abuso con acceso carnal registrados en La Plata entre octubre de 2005 y abril de 2007. Y uno puntualmente ocurrido semanas antes del ataque a la joven peruana. A raíz del cruce de los patrones genéticos del imputado con las muestras de ese caso, el de Misiones y el de Sandra, se pudo establecer la coincidencia con el ADN de Cadícamo.

Perfil “psicópata”
Según pudieron establecer los investigadores, el apuntado a veces utilizaba el método «de la niñera» para atraer a sus víctimas: les decía que necesitaba una chica para cuidar a sus hijos y las llevaba a lugares oscuros o descampados para violarlas. Ofrecía una buena remuneración para los valores que se manejaban entonces en trabajos por hora en casas de familia.
En otras, se convertía en el «sátiro de la bicicleta», ya que se movía en un rodado rojo. Su «serialidad variada», según los criminólogos, siempre dificultó las investigaciones.
En noviembre de 2012 el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 5 de La Plata lo condenó a prisión perpetua por el caso de Sandra y de otras violaciones. Nunca, en tanto, se esclareció con certeza cómo pudo tener acceso a las instalaciones estatales y siempre se sospechó de cómplices.
En el proceso, los peritos detallaron que la personalidad de Cadícamo era la de un “psicópata, insensible y manipulador”. Los psiquiatras que lo entrevistaron lo calificaron como un “predador que busca víctimas fáciles de atacar” y que “goza con el dominio de las víctimas”.
La fiscal en el juicio intentó que la figura de “matar por placer”, que aparece en el inciso 4 del artículo 80 del Código Penal, sea aplicada. Pero no logró que los jueces la tomaran. A ese proceso, le siguió otro en Misiones, donde el “sátiro” fue condenado a 15 años, lo que alargará su permanencia tras las rejas.
Desde 2022, un mural que se realizó en una de las paredes de la oficina ubicada en avenida 7, en el edificio perteneciente Economía, recuerda a la joven que llegó desde Perú con sueños. El ex edificio del archivo de la ARBA es hoy la Casa Sandra Ayala Gamboa, un centro integral de acompañamiento para víctimas de violencia de género, con un equipo técnico de psicólogas, abogadas, profesionales de la salud y equipos dedicados a la niñez. (DIB) FD

Comentarios
Compartir en:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *