Press "Enter" to skip to content

Entrevista al pintor Nix Ruo

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

-Habrá una extensión de su exposición hasta el día viernes

El artista Nix Ruo expone su muestra pictórica «Teogonía plástica». La misma puede visitarse hasta la mañana del 30 de Julio. Además, el artista a decidió donar una de sus obras para ser expuesta en el Centro Cultural Florencio Constantino, de manera permanente. Por tal motivo, la Dirección de Cultura y la Asociación Florencio Constantino agradecen al artista tan generoso obsequio.
Desde la Asociación del Teatro anuncian que: el cuadro será ubicado desde el día viernes en un sector del Hall del Teatro. El próximo viernes Nix vendrá a la ciudad de Bragado a realizar los trámites de donación de una de sus valiosas pinturas y será recibido por el Intendente Vicente Gatica junto con la Directora de Cultura, miembros de la Asociación Civil del Centro Cultural e invitados especiales referentes de nuestra comunidad. Donará: «Los Cureteles» de Nix Ruo. Acrílico sobre lienzo de 120 x 120 cm.

¿Qué es pintar para usted?
-Para mí pintar es meditar. Si, la pintura es en sí una meditación, durante el proceso la mente se detiene de su incesante agitación, y el inconsciente que habla. Mi enfoque se centra en los colores, las texturas y las formas sobre lienzos grandes. El tiempo se acelera en ritmo y muchas veces no me doy cuenta de la hora que es hasta que mi estómago empieza a quejarse. Del mismo modo, a veces sucede que una obra no se desarrolla de la forma que esperabas, y esto genera emociones encontradas, es importante saber manejarla ya que forma parte del proceso creativo y dejar que ésta te lleve hacia otras posibilidades que en un principio no imaginabas. Por eso me gusta siempre mantenerse atento a experimentar y descubrir los errores como nuevas posibilidades. Jamás pensé que iba a pegar tanto y hasta tener mi propia Galería de Arte.

¿En qué se inspira para realizar los cuadros?
-La experimentación es algo a lo que no me puedo resistir, desde siempre he sido una persona muy curiosa a la que le encantan los nuevos retos. Si hay algo que me inspira, eso me absorbe y lo termino plasmando en un lienzo. Por otro lado, siento que estoy desarrollando todavía mi lenguaje pictórico y estoy disfrutando este viaje, por lo que no me obligo a seguir una línea muy cerrada en el mismo, sino que me dejo llevar por lo que en cada momento me ilusiona. En ese sentido, sé que el humano es el único ser que es consciente de su vulnerabilidad y su finitud, de su cósmica intrascendencia. Esa es, sin duda, la fuente de toda su filosofía, que es producto de sus existenciales desvelos. La aventura del conocimiento es una cámara frente a la humanidad que se aleja. Como explica Freud en el Malestar de la cultura, Copérnico, Darwin y otros han arrojado a la lona nuestra autoestima como especie, desplazándonos, sucesivamente desde el centro del universo, de la cúspide de la creación y de los mandos de nuestro propio psiquismo hacia la insignificancia. La pandemia del Covid19 que transitamos nos lo demuestra día tras día. Estas pinturas están basadas en mis sentimientos interiores. No están planificadas. Y es que la pequeñez no humilla a todos. A algunos nos estimula porque nos genera múltiples preguntas. Ese «¿para qué?» en el cual estamos inmersos.

¿Qué técnicas utiliza?
-A veces tengo una idea general previo a entrar a mi Atelier. Sin embargo, a pesar de que tenga esta intención general sobre el cuadro, en el desarrollo del mismo éste me acaba llevando por otros caminos, y muy frecuente el resultado es una sorpresa. A nivel técnico me gusta que la primera capa sea gruesa a base de gesso, ya que aporta profundidad y carácter y crea una superficie irregular, que sea algo 3D. Tras ello, me dejo llevar y empiezo a pintar capas usando la técnica del automatismo, sigo a mi intuición y dejo que los colores con sus formas me hablen y se sucedan a un ritmo rápido, incluso a veces a pesar de que pinto con acrílico, necesito usar el secador para que la pintura seque antes y pueda continuar con esa tormenta de formas y colores de forma más rápida. Tras esa primera aproximación, empieza lo que me gusta llamar la resolución del problema. Cada cuadro puede desarrollarse y finalizar de mil maneras posibles, a base de cada decisión creas una nueva composición que condicionarán el siguiente paso a seguir, lo más fuerte es que en la pintura no podes mover ningún trazo sin dejar una marca, es un paralelismo con la vida misma.

¿Cómo descubrió su pasión por pintar?
-Nací en 1963 como canta Fito Páez. Mi vinculación con el aspecto artístico se dio a través de mi madre que era profesora de piano y de mi abuela materna que fue criada en Barcelona ese lugar cosmopolita único e irrepetible. Desde chico escuché atentamente sus historias. Aquellas que a finales del siglo XIX y principios del XX, hizo de Barcelona una de las ciudades donde el movimiento modernista se desarrolló con más fuerza y personalidad. Pintores, diseñadores y arquitectos dejaron en la ciudad una huella imborrable que ha marcado para siempre la idiosincrasia de Barcelona. La ciudad tuvo la suerte de contar entre sus hijos con el genial e inmortal Antoni Gaudí, máximo exponente del modernismo catalán. En un niño esas historias impulsan fuertemente su imaginación. Sin embargo, ese tesoro familiar lo desenterré de adulto. Recorrí un largo camino antes de expresarme al pintar. El primero de los aspectos de mi formación surgió de mi avidez por la lectura. Particularmente dedicándole mucho espacio a los mitos de las diferentes culturas. Hasta que en la juventud profundicé eso estudiando la carrera de Letras. Allí descubrí a la Grecia clásica, su cultura y su influencia sobre nosotros. Con el paso del tiempo, en los ´90 tuve la grata experiencia de enseñar en la «Escuela de diseño Fernando Fader» de Buenos Aires. Es un lugar único en Argentina. Produce una explosión de talentos artísticos jóvenes año tras año. Es realmente un lugar disruptivo y pujante. A partir de allí mis caminos internos comenzaron a cruzarse. Acostumbraba a promover el trabajo de los mejores diseñadores que ese lugar ha dado. Invertí muchas horas frente a verdaderas obras de arte. Nuevas. Espontáneas. Sin estereotipo alguno. A partir de allí me enamoré del color y sus dinámicas. La cosa fue creciendo tanto en Argentina como en el exterior gracias a un Programa del Rectorado UBA, que participa junto a la UNESCO y a la Asociación Internacional de Filosofía en diferentes países de Europa y Norteamérica, que entregó como reconocimiento a las autoridades de prestigiosas Universidades, réplicas certificadas de mis obras. Uno de los momentos más fuertes de mi vida artística lo tuve hace unos años, antes de la pandemia en la ciudad de Taormina, Italia en un encuentro que tuve con una de las voces vivientes más autorizadas del arte contemporáneo en el mundo, un discípulo de Pablo Picaso, el maestro Pino La Vardera. Al ver algunas de mis obras me alentó a profundizar este estilo autodidacta animándome a evolucionar en obras de gran tamaño.

¿Qué siente con su exposición en nuestro Centro Cultural?
-Como afirma Kandinsky, el gran maestro del arte abstracto, es decir, este arte en el que la representación del objeto es secundaria e incluso perjudicial: la belleza del arte reside en la riqueza cromática y la simplificación formal. Las exposiciones como esta en Bragado «cumplen una finalidad y pueden llegar a ser alimento espiritual, en los diferentes casos, el espectador puede llegar a encontrar una relación con su alma, permitiendo transmutar desde la superficie hasta el estado de ánimo que puede contener una obra y modificar el estado de ánimo del mismo espectador». Es un honor estar acá. Sabemos que el Centro Cultural Florencio Constantino es una de las salas teatrales más importantes del país, reconocida internacionalmente por su calidad acústica y su belleza arquitectónica que fue re-inaugurado en el 2012 agregándole espacios para otras expresiones artísticas. Es un ámbito no solo con historia sino también pujante y abierto al futuro. Un lugar como este es ideal para alentar a tantos artistas emergentes. Como modo de agradecimiento he decidido donar una de mis pinturas surgidas al comienzo de la pandemia. Estas obras se centran en elementos cromáticos expuestos con mucho trabajo de espátulas, envueltos en dinamismo generando un potencial de impacto visual que se amplifica según las condiciones del entorno. Tal es el caso de este hermoso lugar.

¿Por qué se llama Teogonía Plástica del Siglo XXI?
-Debemos tener en cuenta que, según la mayoría de los estudiosos de la Teogonía, Hesíodo presenta las diferentes relaciones de los dioses y su participación en las vidas de los hombres no como historia literaria sino como algo completamente verdadero. Las historias de la historia de Hesíodo nos permiten conocer una era, una mentalidad y el origen remoto de la cultura occidental, porque no debemos olvidar que muchos conceptos e ideas de la Teogonía están presentes en el arte, la filosofía o la historia misma. Al mismo tiempo, no es difícil dar ejemplos del rastro cultural dejado por la Teogonía en nuestro lenguaje, palabras como hipnosis, funeral, erotismo, tifón, océano, cronología, pan, armonía y muchos otros. Los mitos han existido desde siempre, están en la raíz de cada pueblo, de cada tradición conocida, son la base de nuestra inmensa riqueza cultural. En tiempos remotos, los seres humanos encontraban en ellos pautas y ejemplos, consejos, direcciones y vías para encauzar la trayectoria que debían dar a sus propias vidas. Veían en ellos el camino que podía llevarles al descubrimiento y a la realización del sentido de la existencia, ese oculto y ansiado sendero que nos lleva al conocimiento de nosotros mismos, a saber que somos uno con los demás y con toda la naturaleza que nos rodea. Con el paso de los años fui comprendiendo que mi producción era llamada abstracción lírica con una metodología mixta de acrílico sobre lienzo.

¿Cuál será el cuadro que va a donar?
-Es una obra de acrílico sobre lienzo de 120 x 120 cm. Se llama «LOS CURETES: detrás de escena». Fue mi primera pintura estando en el confinamiento social del año pasado por el coronavirus. Centrándome en la situación social emocionalmente conmovedora y en romper con la técnica tradicional y campos de diversos colores explorando la escala, la profundidad y el equilibrio. Los Curetes eran unos personajes mitológicos interesantes. En la actualidad casi nadie los conoce o recuerda pero han sido clave para la mitología occidental y luego se les asigna una fuerte presencia por ser «inventores e innovadores» en el avance de las herramientas junto a cuestiones culturales y domésticas vitales del pueblo cretense. Ellos estuvieron detrás de los bastidores míticos del origen de Zeus frente a Cronos. Con ellos, la cultura griega nos quiere una vez más demostrar que las cosas que conocemos no son lineales, ni son como las vemos con el «sentido común», sino que todo tiene una trama más compleja y que hay realidades que no llegamos a conocer, es decir, a comprender en su totalidad.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin