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Epugner Rosas, cacique ranquel que murió en Bragado…

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-Por Néstor César Savalio

Algunos años atrás por mi profesión me convocaron para un trabajo en un campo cercano a la localidad de Comodoro Py, partido de Bragado. Hacía décadas que sus dueños habían emigrado a la ciudad buscando principalmente tener a mano los servicios de salud a los cuales suelen obligar los años.
-Era un atardecer caluroso y húmedo ese verano cuando llegué hasta el lugar, abrí la tranquera entre una nube de mosquitos que brotaban de las gramillas. Con el plano a la vista desplegado sobre el asiento del acompañante inicié en vehículo la recorrida por los potreros, los animales se acercaban tal vez imaginando una ración, con cuidado los iba sorteando como a las muchas cuevas de peludos y hormigueros que afloraban producto de la tierra húmeda; otros lotes estaban sembrados, los cultivos se encontraban verdes y en pleno desarrollo.
Terminé la inspección cuando caía el sol, debía revisar el teléfono y anotar parte de la información recopilada antes de que se borrara de mi mente. Por eso fue que me detuve ahí, justo al lado de una bebida de cinc en la prolongada sombra que dibujaba el monte donde supuse había estado la vivienda de los antiguos moradores.
-Hoy era una tapera más como tantas olvidadas en el paisaje de nuestra pampa, construcciones que guardan en sus paredes y rincones un arcano misterio, recuerdos de quienes las habitaron, nostalgias extrañas, mezclas de energías encontradas difíciles de describir.
Desde el terreno limpio se alcanzaba a ver en medio de la cerrada vegetación, la torre de un molino que parecía competir con la altura de las plantas, mientras mostraba su rueda deshojada por mil vientos. Dicen que la curiosidad suele ser la manifestación del niño que se quedó a vivir en nuestro cuerpo, cuando nos fuimos buscando nuevas esperanzas y reemplazando almanaques…
Bajé de la camioneta, salté el alambrado que me separaba y en un momento estuve caminando en medio de una marea verde de árboles, retoños, ramas caídas y una enredadera que cubría el piso buscando sujetar mis piernas; tuve la sensación que la naturaleza utilizaba sus fuerzas para que desistiera. Me interné como pude, mirando por segundos al cielo buscando la rueda desdentada; la veía, estaba cerca y avance unos metros, de pronto en medio de aquella frondosa vegetación me sorprendió su aparición, quede inmóvil por la sorpresa; un frío me corrió por el cuerpo y mi mente no podía creer lo que los ojos le mostraban.
En mi cabeza se tejían conjeturas y deducciones a toda velocidad, recuerdos de historias que buscaba ordenar. Aunque conocía de su existencia nunca imaginé hallarla en aquel lugar; cosas del destino pero estaba ahí parado frente a aquella construcción no convencional que resistía el ahogo de las plantas. Su estructura, las considerables dimensiones y ciertos detalles arquitectónicos la hacían especial; se notaba la nobleza de los materiales que aun forcejeaban con el tiempo.
El techo a dos aguas en pronunciado ángulo, los alargados ventiluces con vidrios amarillos en los laterales, una gran puerta de madera doble hoja en el frente sostenía todavía un labrado que el clima se afanaba en desvanecer. Sin duda se trataba de la antigua capilla construida en lo que antaño fueron los extensos campos de la estancia “El toro”, de Antonio Cambaceres.
Dí varias vueltas alrededor de la edificación moviendo los matorrales en búsqueda de alguna una señal, un rastro, algo que confirmara aquel relato de tradición tantas veces repetido, en donde se mencionaba que junto a la capilla se hallaba la tumba del cacique ranquel Epugner Rosas”. Ya casi no se veía, me retiré del lugar con una gran intriga; cerré la tranquera, los mosquitos habían desaparecido, se veían las luces de Comodoro y me puse en camino a Bragado pensando que bien temprano al día siguiente acudiría al archivo municipal a buscar el asesoramiento de la querida amiga y experta Marcela Coñequir, que seguramente iba a poner luz sobre aquella experiencia y no me equivoqué.
A ella pertenece la siguiente investigación sobre el temido ranquel que murió en Bragado en 1884. Queda aún hallar el lugar de su enterratorio aunque este, sea motivo y estímulo para quienes sigan llevando un niño guardado en su corazón.-

CACIQUE RANQUEL EN TIERRAS DE BRAGADO– Por Marcela Coñequir
A la historia no le es ajeno el dicho popular “la vida tiene tantas vueltas”, por ello lo aplico a la vida del cacique ranquel Epugner conocido también como Epugner Rosas, que tuvo una vida tan intensa, conflictiva para terminar sus últimos días en Bragado.
Epugner nació en 1814 en Leuvucó, provincia de La Pampa, era el cuarto hijo del cacique Painé Gner (Painé) y la india Quilche, entre sus hermanos podemos nombrar: Calvaí, Mariano Rosas.

-El coronel Lucio V. Mansilla, deja una semblanza del cacique de cuando lo conoció en 1870: “como de 40 años, bajo, gordo, bastante blanco, de labios gruesos y pómulos sobresalientes, es el indio más temido entre los ranqueles por su valor, por su audacia, por su demencia cuando está beodo” (1)
Su toldo estaba a una distancia de 4 leguas de los de Mariano Rosas (sobre la laguna de Ochoel, en Leuvucó).Después de la caída de Rosas en la batalla de Caseros, los caciques Mariano Rosas y Epugner juran fidelidad a Derqui y Urquiza.
-En 1861, Epugner maloneó a la Tribu del Cacique Coliqueo, cuando se estaba asentando en la provincia de Buenos Aires.
En Pavón participó al lado de Mitre. En enero de 1867 actuó en la Revolución de Cuyo con 500 indios, atacando al General Paunero en Río Cuarto (2), siendo derrotado. Al escapar realiza un gran malón a las tropas del General Paz, acantonado en la localidad de Mendoza.
-Mientras tanto su hermano, Mariano, brega por la paz, la cual fue rota por Epugner. En esta época se produce una sublevación de tribus en la llanura bonaerense, bajo el mando del Cacique Calfucará, culminando en la batalla de San Carlos de Bolívar, el 8 de marzo de 1872. (3) En este encuentro se puede ver el despliegue de fuerzas armadas:

-Vanguardia
200 indios y 50 G.N -Simón Coliqueo 130 lanzas -P. Aries170 del 2 de Bat.
De línea -P. Palavicini 70 de caballería – F. Leyría Retg. 40 de Coliqueo, 40 de G.N – Tte Levalle 95 Reg. Infantería – García 1 piquete de 14 baquianos – 50 tiradores CAC. Cipriano Catriel 800 lanzas.

Por el otro lado las fuerzas eran:
-Reuquecurá 1000 indios chilenos -Juan Calfucurá Catricurá 1000 indios
salineros – Epuñer Rosas Reserva: 500 Ranqueles (4) -Manuel Namuncurá
1000 indios chilenos y de Rio Negro

A pesar de sobrepasar en número, el cacique Calfucurá fue derrotado en este enfrentamiento.
El 20 de octubre de 1872 se firma el tercer Tratado de Paz, ratificado por los jefes ranquelinos y aceptado por el Ministro de Guerra, firmándolo el Presidente de la Nación. El artículo segundo es muy interesante, el que dice -”El Gobierno Nacional pagará mensualmente: al cacique Mariano Rosas, 150 pesos Bolivianos; Al cacique Epugner 100 pesos Bolivianos; a una tropa de ordenes 7 pesos Bolivianos; a un escribiente 15 Bolivianos; a un lenguaraz de Mariano Rosas, 15 pesos Bolivianos”(5)
-Desde la firma este tratado hasta que se enferma su hermano Mariano Rosas, se sigue sosteniendo la paz. Al morir Mariano el 18 de agosto de de 1877, Epugner debe tomar el cacicazgo de las tribus ranquelinas y de sus 600 guerreros. En el año 1878 se firma otro tratado de paz, pero
se incluye el pedido de más yegüerizos; pasan una época muy mala; le han sido sacadas zonas de caza y de pastoreo. Además son afectados por la viruela. Han llegado momentos malos para la tribu.
Debido a esto el 26 de octubre de 1878 se acercan en comisión a Villa Mercedes (San Luis) en busca de raciones y son repelidos por el nuevo jefe de frontera, coronel Rudesindo Roca
El 23 de octubre de 1878 Julio A. Roca le solicita a su hermano que detenga al cacique Epugner y a Baigorrita.
Comienza aquí la persecución de Epugner. Se alista una expedición para la captura del cacique que comienza el 11 de diciembre de dicho año.
El 2 de enero de 1879 es apresado el cacique Epugner Rosas con 300 indios.
Es trasladado a Buenos Aires y de allí es llevado prisionero a la isla Martín García.
No es el único, también el cacique Pincen y otros tantos, juntos a sus familias. La isla es azotada por la viruela, son muchos los que mueren.
No se ha encontrado más documentación que hable de sus últimos días. Hasta el momento sabemos que el Senador Antonio Cambaceres solicito su libertad junto a la de Pincen.
Cuando la obtuvo, los llevo a trabajar de peón a su estancia ?El Toro? en la localidad de Bragado.

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