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Grobocopatel: “La brecha cambiaria y las retenciones son un pie arriba de la cabeza del productor”

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Entrevistado por Tranquera, el empresario agrícola opinó que el Gobierno está tratando de que no haya una “devaluación abrupta” antes de las elecciones, pero que “no se sabe” lo que pasará luego con el dólar. También habló del cruce entre Alberto Fernández y Luis Lacalle Pou, entre muchos otros temas.

By Juan Ignacio Erreca
28/03/2021

Dada su importancia en la actividad agrícola del país y la región, la visión de Gustavo Grobocopatel siempre es tenida muy en cuenta dentro del sector.
En el marco del lanzamiento que su compañía Los Grobo hizo de la plataforma digital Mauá, Tranquera se comunicó con el empresario para obtener detalles de esta innovación y conocer su análisis sobre varios ítems de la realidad política y económica, que se relacionan con el campo. Durante la entrevista, vía Zoom, también intervino Víctor Cabreros, director del Grupo Diarios Bonaerenses (DIB), que edita Tranquera.

-¿Cuál es el diferencial que ofrecerá Mauá respecto a las herramientas de este tipo que ya existían en el mercado?

–Es una plataforma que cambia de una manera, bastante radical, el relacionamiento de los productores con una empresa como Los Grobo, en este caso. Eso es porque hay toda una forma de acceder a la información transaccional, ya sea de ventas o compras, entre la empresa y los productores, que es mucho más clara y amable. Se puede hacer a través de los dispositivos móviles, esta es una novedad también en el sector.

Además, la plataforma no solo incluye la información transaccional, sino también otra que es de mucha utilidad para la toma de decisiones de los productores. Cuándo comprar, cuándo vender y con qué estrategia. Imágenes satelitales, actualizadas semanalmente, sobre el estado de los cultivos y el potencial productivo. También incluye informaciones sobre el clima, charlas de mercado, y foros tecnológicos.

Por otro lado, este es el primer lanzamiento y tenemos que verlo como un camino. Son aplicaciones que se van actualizando cada 3 o 6 meses, incorporando nuevas cosas. Y en el mundo de la inteligencia artificial hay cosas que van a cambiar el modo de cómo gestionamos la agricultura. Como la tecnología aplicada para la logística y el acceso a la financiación. También el uso de estas plataformas para incorporar la cantidad enorme de aplicaciones tecnológicas especiales que hay en el mundo. Están las innovaciones, pero hace falta que el productor acceda a las mismas de una forma simple. Que acceder a esos productos no le complique la vida, sino que se la facilite. Ese es el desafío grande que tenemos con Mauá.

-En lo que respecta a la adopción de tecnología de precisión, ¿cómo está la Argentina en comparación con otros países de la región?

–El productor argentino adopta rápidamente la tecnología. Obviamente que las dificultades en el acceso a la financiación, por la propia presión impositiva, complejidades como que se pueda exportar o no, las regulaciones y la burocratización, hacen que tenga la mente focalizada en otras cosas. Por eso no le da la prioridad e intensidad que merece en su uso.

Pero yo tengo mucha fe. El productor ha dado muestra de que incorpora rápidamente la tecnología y está todavía a la vanguardia. Aunque estamos viviendo de los esfuerzos que se hicieron hace 15 o 20 años, y no estamos haciendo esfuerzos para los próximos 15 o 20. O sea, vamos a quedar rezagados si no incorporamos rápidamente tecnologías que van a modificar la agricultura de acá para adelante. La inteligencia artificial es uno de los temas centrales. Pero también la agricultura de precisión, la biotecnología, la nanotecnología, el ecommerce, el BlockChain, y un paquete enorme que van a cambiar la manera en que se hacen las cosas.

-En Argentina, hay una disputa histórica entre la agricultura y la industrialización, que viene ya desde la época de Carlos Pellegrini. Pero hoy ya no solo se exporta materia prima, porque cualquier grano de semilla tiene incorporado valor agregado. ¿Esta es la orientación de futuro que se debe darle a la producción nacional y que serviría para romper esa falsa dicotomía?

–Totalmente. Pero más que futuro, es la realidad. Mauá fue realizada, en su mayor parte, por jóvenes egresados en tecnología de la Universidad del Centro Es decir que Mauá, que se va a utilizar para la producción de soja, tiene incorporados conocimientos universitarios de tecnólogos y empresas tecnológicas. Cuando uno habla de campo, se refiere a un ecosistema mucho más complejo del que había en la época de Pellegrini. Acá es imposible levantar paredes donde no las hay. Está todo vinculado e interrelacionado. Hay que empezar a ver así a la economía. No como sectores primarios y secundarios, sino como ecosistemas productivos y competitivos, integrados al mundo.

-¿Pensás que los precios de los commodities agrícolas ya tocaron su techo?

-Este tema requiere de una explicación, lo más breve posible. Los precios de los commodities tienden al costo de producción. Es decir, cuánto cuesta hacer una hectárea más de soja, es el precio que debería tener la soja para que esa hectárea se ponga en producción. Esos costos tienen variaciones, pero, en general, están en un rango de entre USD 400 y USD 500 la tonelada. Si (la tonelada) vale menos de USD 400, no puede crecer la producción. Entones, el precio se mantiene siempre y cuando haya una disminución en la velocidad de la demanda. Vale USD 500 cuando hay alguna crisis en la oferta, por una sequía u otra particularidad.

Estamos en un momento donde la demanda está aumentando a una velocidad mayor en los últimos años, básicamente por China, y la oferta no está reaccionando con la misma rapidez, por lo cual suben los precios.

Puede ser que lo precios se mantengan y hoy todo el mundo piensa que eso es probable. ¿Pero es posible que los valores superen los USD 550? Y es muy probable en caso de que haya una falla en la oferta de EEUU. Pero también puede ser que baje de los USD 550 buscando el piso, en los USD 400 o USD 450, si es que hay novedades como las que suele haber en este tipo de mercados. Por ejemplo, que China se retira, que la oferta se incrementa porque el año climático en EEUU es récord, o que aparecen nuevo jugadores en el mercado, en general Ucrania o Rusia. En fin, me parece a mí que son precios buenos y hay que estar alerta. Justamente, herramientas como Mauá ayudan a tomar decisiones de coberturas lo más flexibles posibles, que es la recomendación para los productores. De tal manera que si sube el precio, podamos acompañarlo, pero estando protegidos a la baja por si cae. Eso se hace con el uso de los futuros y las opciones.

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-¿Cómo impacta la brecha cambiaria en los agronegocios? ¿Considerás que el dólar puede mantenerse en los valores actuales al menos hasta fin de año?

-No lo saben ni los economistas a lo que va a suceder. Pero daría la impresión de que el Gobierno está tratando de hacer todo lo posible para que no haya una devaluación abrupta hasta fin de año, o las elecciones (legislativas). Después de las elecciones, no sabemos lo que puede pasar. Aunque, evidentemente, los desequilibrios macroeconómicos, déficit y demás, dicen que algo no está equilibrado.

Respecto a la brecha cambiaria, lo que genera es que los productores tengan menos dinero disponible para invertir. Te diría que ese tema y la suma de las retenciones, que de alguna manera también impactan sobre la brecha, hacen que el productor no pueda ahorrar ni hacer las inversiones necesarias para procesar las materias primas, generar valor agregado en origen, adquirir tecnología, etc. Todo esto es un pie arriba de la cabeza del productor.

-¿La política del presidente Alberto Fernández es confrontativa con el campo al igual que lo fue durante el mandato de Cristina Fernández?

–Son situaciones distintas. No sé si hoy hay confrontación con el sector. Más bien creo que se trata de falta de información o conocimiento. Uno lo ve por muchas decisiones que se toman, discursos, o palabras. Detrás de cada palabra hay una idea, y daría la sensación de que son fruto del desconocimiento más que del deseo de confrontación.

-¿Cómo afecta el impuesto a la riqueza a los productores?

–El problema que tiene el país no es sacarle algo de dinero a los que más tienen, que es discutible, sino cómo hacer que USD 350 mil millones que hay fuera del sistema, porque están en el exterior o debajo del colchón, puedan venir a invertir. Nosotros tenemos que generar confianza y seducción para que vengan más inversiones a la Argentina, para el proceso de materias primas, desarrollar la agricultura, y tener todo este tema tecnológico más avanzado. Creo que el impuesto a la riqueza lo que hace es ir marcha atrás, deteriora esa situación y no resuelve el problema de fondo. O sea, es un paliativo además discutible, por la forma en que se va a aplicar, y ya sabemos que la eficiencia del Estado, implementando este tipo de cosas, no es tan buena en Argentina.

-Ya aclaraste que no te fuiste a Uruguay por la llegada del actual Gobierno. ¿Pero tenés pensado regresar al país en el mediano plazo y volver a ocupar formalmente la presidencia de Los Grobo? ¿De qué depende eso?

–Esta es una decisión de vida. Estoy en un lugar que me gusta y haciendo una vida que me gusta, a los 60 años. Sigo involucrado con Argentina, no es necesario explicarlo. Obviamente soy accionista de Los Grobo, fundador, y tiene mi nombre. Estoy haciendo consultoría internacional y desarrollos en el exterior con la empresa. En tiempos de globalización no importa tanto donde esté fisicamente. Uno puede vivir, sentir y sufrir a la Argentina sin estar ahí.

–¿Qué reflexión hacés del entredicho que recientemente hubo entre Alberto Fernández y su par uruguayo Luis Lacalle Pou?

–El primer comentario es que la Argentina tiene un destino muy acotado sin Mercosur. Para los que producen en el mercado interno, no deberían ser lo 40 millones de argentinos, sino lo 300 millones de habitantes del Mercosur. Mientras que para los que exportamos, la posición de fuerza y negociación de hacerlo desde la región es muy superior a si lo hacemos solos.

Las discusiones que existen son de aspectos pendientes, de cómo avanzar y demás. Esas discusiones se vienen pateando, para adelante o el costado, y ahora llega un momento donde hay que enfrentarse a esos problemas y resolverlos. Tenemos una agenda que va avanzando sobre la integración con la Unión Europea y eso va a requerir tomar decisiones. No son transformaciones de un día para otro. Hay 10 años para hacerlas. Si en una década no logramos ser competitivos y hacer productos de buena calidad, vamos a tener otros problemas, como el 80% de pobreza. Entonces, más vale que nos pongamos a trabajar en eso.

En cuanto a las formas, creo que, en diplomacia, las diferencias no se dirimen a lo gritos. Se dirimen en una mesa de negociación, racional.

-¿Evaluás que el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea se encuentra estancado? ¿Tampoco hay voluntad del Gobierno nacional de agilizarlo?

–No es un tema (que dependa) de este Gobierno. Es un proceso que requiere de un debate. El acuerdo facilita al sector agroindustrial la venta a Europa, principal mercado consumidor del mundo, de productos con valor agregado. Si no tenemos ese acuerdo, agregar valor es una utopía. Nos la vamos a pasar hablando del tema, pero nunca lo vamos a concretar.

Además, un acuerdo de ese tipo facilitaría la inversión de empresas europeas en el Mercosur. Seguramente, compañías francesas vendrían a hacer lácteos y quesos a la Argentina, y viceversa. Es decir, se crearía un fomento de la inversión y el desarrollo muy notable. Por más que los objetivos son a 10 años, en general las empresas nos adelantamos a eso y empezamos a tomar las decisiones mucho antes. Para mi es sustancial, es un aspecto prioritario en la agenda pública.

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