-Por Gonzalo Ciparelli

Cuando el ser humano se lo propone y comienza a tomar como hábito la lectura, no es extraño que entre los libros, tenga algunos empezados y los vaya seleccionado en diferentes tiempos para continuarlos. No es extraño por el motivo de que todo ser humano transita diariamente por distintos intereses, sumado si se quiere a cambios de ánimo, o cambios provocados por el hecho de ser racional, de pensar. Por lo tanto, en diferentes momentos va a tomar un determinado libro para continuar. Así puede pasar de una teoría a una novela, con todo lo que ese cambio implica. Diferentes maneras de narración, diferentes maneras de estar compuestas, en donde en una van a abundar los ejemplos mientras en la otra, a medida que la historia sucede nuestra imaginación va a situarnos en el desenlace y así comprender que puede ser un hecho real lo que está contando el autor.
Esto último es algo que realmente me atrapa. Historias basadas en hechos reales, que no hacen más que hacernos pensar en que hay situaciones que están sucediendo allá afuera y uno ignora por el simple hecho de estar pendiente de su vida y día a día, claro.
Esto a su vez, no hace más que hacernos imaginar que puede haber novelas que nos hagan sentir identificados con la misma y de ella podemos aprender y nos van a servir en cierto punto en algún deseo, proyecto o meta.
Hay historias en cada ser humano y no hay mejor manera, a mi entender, de profundizar en la historia que a través de la lectura. Claramente, entender la historia va desde imaginar la vida de un bisabuelo, interpretar contextos que llevaban a ese presente en su entonces, hasta comprender patrones inconscientes que uno repite y en ocasiones nunca se plantea, y creo realmente, que si existe algo importante que todo ser humano debe conocer, es así mismo. Esto contiene todo su pasado, su infancia y su presente. Y sirve, claro está, para su futuro.

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