Hay música en el sur-Por Gonzalo Ciparelli

La música está ahí, en los paisajes naturales que uno recorre. Cada uno aporta algo totalmente distinto del otro, sin embargo comparten el asombro que generan cada vez que uno se queda observándolos.
La Patagonia no fue la excepción. Hay música en el sur.
Hay una especie de acústica única en laguna de los tres.
Hay música que proviene del golpeteo de un pájaro carpintero en un árbol caído para construir su nido, mientras voy caminando por un sendero que conduce a piedra del Fraile y su increíble mirador.
Suena con impresión positiva el golpe del agua contra la piedra, que cae a una altura de 20 metros en salto del chorrillo.
Si hasta pareciera uno sentir el sonido que produce el escaso pero perfecto aleteo del cóndor, cuando se lo visualiza a lo lejos en el Mirador de los cóndores.
Hay música en la nieve, y en el viento que choca con los arbustos, el cual está lleno de ellos cuando se va camino a Laguna torre.
Hay música en el sol, cuando sus rayos chocan con los bloques de hielo, haciendo que con la erosión de los años sean posibles desprendimientos que forman un hermoso espectáculo de sonido lento y eterno cuando tocan el lago argentino.
Hay música en las risas, cuando se viaja con amigos por el sendero que lleva a laguna capri.
Hay música interior constantemente, donde solo reinan pensamientos positivos y enriquecedores cuando se observa desde el campamento poincenot el atardecer que combina con todos los picos del Fitz Roy.
También lo hay cuando se cierran y abren las pestañas queriendo hacer enfoque y entender la increíble imagen que uno está observando cuando el cielo celeste hace de fondo infinitivo que resalta aún más los picos mencionados.
Hay música en cada paisaje natural. Y mientras haya música, todo está bien.
Y como siempre hay paisajes naturales y música cuando se viaja; siempre que se viaje va a estar todo bien.

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