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La Calle

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La frase de hoy “Nota dedicada a las maestras rurales, todo vocación”

Luego de una travesía de seis horas manejando por la llanura pampeana, se llega a la “escuela más inhóspita” de la provincia de La Pampa. Así la define Stella MONASTERIO, la maestra rural a cargo del establecimiento. Queda tan lejos de todo que el equipo que viajó, incluso se perdió en el camino. Al llegar, los cronistas se encontraron con un mundo diferente.

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Allí, parece que el tiempo no corre, pero sin embargo hay horarios que cumplir. Quien está a cargo de todo es Stella, quien busca a cada alumno casa por casa en una camioneta del ministerio de Educación provincial, para que ninguno falte.

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Llegar a la escuela Chos Malal, en La Pampa, es toda una travesía. A las 4:30 de la mañana, el equipo debió partir de Algarrobo del Águila, a tres horas de allí. A las 6:30, llegó un llamado de Stella, que preguntaba dónde estaban. “Tenían que venir por la ruta 14”, indicó. A las 12, el equipo de TN finalmente llegó…

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En el medio de la nada se sostiene una escuela. Al verla, uno podría pensar que es parecida a cualquier escuela que se puede encontrar en otro lado, sus instalaciones están en muy buen estado. La diferencia es que está emplazada en medio de un paisaje color piedra. Puertas adentro tiene de todo, pero alrededor, no hay nada.

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Stella viaja junto al chofer en una camioneta del Ministerio para buscar a los chicos que viven en puestos rurales y que no pueden trasladarse. Con el primer turno, empiezan a las siete de la mañana y a las ocho tienen que estar en la escuela. Para recoger a los del grupo de la tarde empiezan a las 12 y a las 13 ya tienen que estar en clase. La calidad del personal que trabaja aquí y su compromiso es para admirar.
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Stella Monasterio, la maestra rural a cargo de la escuela de Chos Malal.
“Trabajamos en conjunto y acá tenemos que ser familia porque estamos muy lejos. En un lugar como este tenemos que estar preparados y tener los pies sobre la tierra. Hay cosas que tengo que resolver yo en el momento”, contó la docente.

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Sobre las dificultades que tenía el lugar cuando llegó, la maestra describió: “Cuando vine en el 2014 teníamos maestras que duraban poquito. Llegaban, veían el lugar y se querían ir. En ese momento no teníamos luz eléctrica, teníamos a motor, que se prendía dos o tres horas al día porque guardábamos el combustible”.

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“Teníamos una sola computadora, éramos cinco docentes y nos tocaba 40 minutos a cada una”. Stella recordó el día que una maestra lloró mientras hacía una videollamada con su familia: “Me fui mal a mi casa a hablar con mis hijas y les pregunté si era mala madre. Porque a mí no se me caía ni una lágrima”.

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Pese a que algunas de sus compañeras sufren la distancia y el desarraigo, ella está contenta: “Es lo que elegí. Mi vida está siempre acá en la escuela, no tengo tiempo ni de pensar”.

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Las hijas de Stella viven en Córdoba, donde estudian para ser bióloga y contadora. Fueron a visitarla una sola vez y le confesaron que nunca vivirían en ese lugar tan alejado. “Sin embargo, si yo estoy feliz ellas están felices”, cuenta Stella, que vive en una casita de Educación y regresa cada 15 días a su casa que queda a 670 kilómetros de la escuela, del otro lado de La Pampa.

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La gente de la zona se dedica a la crianza de chivas. En septiembre empieza la crianza y algunos nenes tienen los puestos lejos. “Tengo la coordinadora que me acompaña mucho, la directora de nivel primario y yo. Cuando necesito ayuda por algún nenito que falta, siempre busco la manera de ir a buscarlos. Es el compromiso que tenemos con las familias”, afirma.

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En otro de los puestos rurales, el papá de Daniel, un alumno de la escuela que es muy aplicado, dice: “Yo me conformo con que él aprenda lo que yo no pude”. Cuando le preguntan qué quiere para su hijo, sí que se quede en el campo o vaya a otro lado, dice que “él decidirá”, pero que el campo es “muy sacrificado, muy sufrido”, y que lo único que va a hacer es criar chivas como hace él.
-Daniel, el nene, quiere estudiar para ser veterinario y piensa que cuando termine la escuela va a ir a la universidad. Su vida, quizás sea distinta a la de su padre y todo será gracias al compromiso de una maestra rural y su equipo.

(La Calle rescató crónica de la periodista Paula Bernini, de TN, como testimonio de humilde reconocimiento a las maestras rurales)

EPI: Daniel es uno de los alumnos; suela con ser veterinario.

Sus papás viven de la cría de cabras y aprecian el valor de educarse.

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