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La Calle

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La frase de hoy: “El pasado tiene historias que vale la pena rescatar”.

Ada Falcón, de las luces del centro al claustro cordobés…

Ada Falcón pertenece a esta generación de precursoras de nuestro tango, quien comienza a grabar el 15 de julio de 1925.
Nació en el centro de la ciudad el 17 de agosto de 1905 y fue la menor de tres hermanas, también cantantes. Amanda Falcón, sin mayor trascendencia y Adhelma Falcón, quien llegó al disco por lo menos en dos oportunidades.
En su momento, la cantante comentó que era hija natural de un señor de rancio apellido de la sociedad argentina y que en un lapsus de amor, raptó a su madre y ella fue el resultado de tan atrevida gestión. Valga como anécdota, no comprobada.
Pero sea cierta o no, resulta interesante atento la serie de hechos que marcaron su conducta posterior. La ingerencia de su madre fue notoria, pues fue ella la que decidió que su hija tuviera un destino artístico.
A los cinco años debuta ante el público como La Joyita Argentina. Antes del año veinte actúa en un film mudo. Toda esta actividad impidió que concurriera normalmente a la escuela y debió instruirse en su propia casa.
Más adelante cuando está en su esplendor, el éxito y el reconocimiento público la embelesan, comportándose con los caprichos propios de una diva del cine estadounidense. Los hombres admiran su belleza y cantan a sus ojos verdes. Rehúye al contacto con el público, a tal punto que para sus presentaciones en Radio El Mundo —ya en el último tramo de su carrera— se niega a actuar en la sala principal y elige la sala F, de pequeñas dimensiones y a la que llaman la Sala Falcón.
Se pasea en un automóvil descapotable de color rojo, vive en una casa de tres plantas en la zona más residencial de la ciudad y ostenta joyas y pieles. Hasta que comienzan sus distracciones, los largos encierros en su mansión y llega a la curiosa situación de entrar a la iglesia de Nueva Pompeya de rodillas y a hablar en voz alta con las imágenes.
A fines de 1942, la eclosión, abandona definitivamente la vida artística, se retira y con su madre se traslada a un pueblo de la provincia de Córdoba, ambas convertidas en terciarias Franciscanas.
Ada Falcón posee un registro que iba de mezzosoprano a soprano en las notas altas, un tono ligeramente engolado y cierta pretensión de gorjeos líricos que le dieron un estilo personal e irrepetible. Todo lo cual se sumaba a su natural temperamento que ponía la emoción en el lugar justo. Su canto fue emotivo, de corte romántico, con la sensación que lo dirigía a un amor perdido. Pese a la gravedad del color de su voz, se caracterizó por un tono plañidero.
Como dijimos llegó al disco en 1925 acompañada por la orquesta del maestro Osvaldo Fresedo, para el sello Víctor. Retorna en 1929, para el sello Odeón, luego del visto bueno del pianista Enrique Delfino, quien la acompaña junto al guitarrista Manuel Parada, en 14 temas.
Finalmente, es acompañada por el hombre fundamental en su vida, el director Francisco Canaro. Juntos llegaron al disco en alrededor de 180 oportunidades, comenzando un 24 de julio de 1929, cuando Ada Falcón hace el estribillo del tango “La morocha”, finalizando el 28 de septiembre de 1938. En 1942, graba su último disco con dos temas, el tango “Corazón encadenado” y el vals “Viviré con tu recuerdo” (ambos de Francisco Canaro e Ivo Pelay).
Con él tuvo una relación sentimental muy duradera. Y dos hechos anecdóticos: el primero pinta a Canaro frente a una realidad. El segundo, si no fue el detonante, por lo menos una circunstancia más para la determinación final de Ada Falcón. Ambas historias me fueron contadas por un músico de su orquesta, biógrafo parcial, pero minucioso de Canaro.
Ada insistía en la separación de Canaro para que contrajera matrimonio con ella, ante esta requisitoria Canaro pareció estar de acuerdo, pero antes de comunicarle nada a la cancionista lo consultó con su abogado sobre las características del trámite y el tema económico. La respuesta fue obvia, la mitad de su dinero le correspondería a su esposa. Canaro nunca más pensó en separarse.
En su trayectoria hizo una película sonora Ídolos de la Radio, junto al gran cantor Ignacio Corsini y que fuera estrenada en octubre de 1934. En ella aparecen las cancionistas Tita Merello y Dorita Davis.
Fue excéntrica, vanidosa y arrogante, pero su belleza y sus grandes condiciones artísticas la convierten en uno de los hitos de las voces femeninas de nuestra música popular.

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