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La Calle

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La frase de hoy: “Con los días en blanco, no es difícil terminar evocando los tiempos del Servicio Militar”.

Hay que empezar por informar que el 6 de marzo de 1994, en la base militar de Zapala, se produjo la muerte del soldado Omar Carrasco, nacido en Cutralcó, Neuquén. Tenía solo 20 años, cumplidos en enero y había sido incorporado unos días antes. Por su muerte se condenó a varios uniformados que prestaban servicio allí, aunque de las penas cumplidas no quedaron muchas constancias.
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Eran tiempos del presidente Carlos Menem y aquel hecho doloroso, determinó la eliminación de la obligación, establecida por ley del año 1901, con autoría del general Ricchieri. Esto indica que ya transcurrieron 26 años, aunque persistió (o persiste), con carácter voluntario.
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La Calle recuerda su propia experiencia, en la década del 50, cuando el Presidente de la nación, era el doctor Arturo Frondizi. Aunque pasó sus momentos difíciles, todo terminó bien y al despedirnos, después de once meses largos, hubo un manto de nostalgia al momento de dejar el lugar. Fue en una base de Aeronáutica, cuyos aviadores tuvieron destacada actuación en Malvinas.
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En los últimos años se escucharon rumores sobre la implantación de un Servicio Militar Social, humanizado respecto a las formas de instrucción y destinado a jóvenes de 18 años y que estuvieran en situación social conflictiva. La Calle opinó en ese momento, que era una buena idea, especialmente porque muchos de ellos, sin la adecuada contención, terminan presos.
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La mayoría de los antiguos Cuarteles se encuentran vigentes, en tanto que los penales están desbordados por los detenidos, la mayoría de ellos eran jóvenes, sin estudios terminados y en algunos casos con problemas de adicciones. Hace ya largo tiempo, un estudio hecho en la cárcel de Mercedes, determinó que el 90 por ciento, tenía además, problemas psicológicos.
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En el caso de La Calle, fue una oportunidad para compartir la convivencia con desconocidos que se hicieron amigos, aunque el contacto posterior no sea fácil de continuar, puesto que cada uno sigue su vida. Además se comprobó que en el ambiente de las Fuerzas Armadas, hay buena gente, aunque otros no lo eran tanto. Para los amigos de los números, podemos decir que el N° 861 fue el que nos correspondió en el sorteo.
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Hasta los 90, el sorteo de cada clase del Servicio Militar, se trasmitía por radio y se tenían en cuenta las últimas cifras del documento, con otro número surgido de una “imaginaria” bolsita. En base a eso surgía en que arma serían incorporados los soldados. Los números más altos iban a Marina, con casi dos años de permanencia.
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Los números más bajos, generalmente, no eran incorporados, razón por la cual surgían demostraciones ruidosas de alegría. La Calle pide disculpas por haber tenido un solo tema en este día. Pero es evidente que las ideas son escasas y que hace falta darles un poco de aire fresco para que florezcan. Con esa ilusión, nos embarcamos en un nuevo fin de semana.

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