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La Calle

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La frase de hoy: “El día en que Maradona perdió el tren…”.

No se trata de Diego Armando, famoso por el fútbol. Es esta la historia de un médico rural, nacido en Santa Fe, conocido por algunos. Sin embargo, su existencia merece ser rescatada como ejemplo silencioso y solidario. La Calle, tomándose un respiro, publica el texto de Internet, con autoría de Wikipedia.

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Esteban Laureano Maradona (Esperanza, 4 de julio de 1895-Rosario, 14 de enero de 1995), fue un médico rural, naturalista, escritor y filántropo argentino, famoso por su modestia y abnegación, que pasó cincuenta años ejerciendo la medicina en Estanislao del Campo, una remota localidad en la provincia de Formosa. Su vida es un ejemplo de altruismo.

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Colaboró con las comunidades indígenas en varios aspectos: económico, cultural, humano y social. Además, realizó grandes aportes al conocimiento de las colectividades del noreste argentino, estudió sus costumbres e incorporó a sus conocimientos a los de la medicina tradicional aborigen.

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Es autor de obras científicas sobre antropología, flora y fauna. Renunció a todo tipo de honorario y premio material viviendo en la humildad y colaborando con su dinero y tiempo con los más menesterosos, a pesar de que pudo haber tenido una cómoda vida ciudadana, gracias a sus estudios y a la clase social a la que pertenecía.

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Un par de frases por él dichas sintetizan su pensamiento sobre su profesión y modo de vida: “Si algún asomo de mérito me asiste en el desempeño de mi profesión, éste es bien limitado, yo no he hecho más que cumplir con el clásico juramento hipocrático de hacer el bien a mis semejantes”.
“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado”.

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Era descendiente de varios próceres de la provincia de San Juan. De Plácido Fernández Maradona, que fue gobernador en varias ocasiones y ministro de Nazario Benavídez y de José Ignacio Fernández de Maradona, jesuita y primer diputado electo por el pueblo de San Juan al ser reputado como el de «mejor probidad» ante la Junta Grande de 1810 en Buenos Aires.

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La madre de Esteban Maradona se llamaba Petrona Encarnación Villalba Sosa y era hija de Esteban Villalba, de origen santiagueño. Este había trabajado muchos años a cargo del cuidado de la hacienda de la familia Ezeiza, quienes al regresar al país de su exilio político, encontraron que no solo Villalba había cuidado su hacienda en su ausencia, sino que la había duplicado. Gracias a su honestidad, los Ezeiza le pagaron con patacones de plata. Villalba emigró con su familia y costeando el río Paraná, se detuvo por la zona de Barrancas y Coronda (en la provincia de Santa Fe), y compró varias hectáreas de campo.

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Cerca de allí, en 1895, en Esperanza, nació su nieto, Esteban Laureano Maradona Villalba. Su padre, Waldino Maradona, sanjuanino, había llegado a ser senador de Santa Fe. Su madre, Encarnación Villalba, era de familia estanciera. Esteban Laureano pasó entonces su infancia a orillas del río Coronda, donde su padre se desempeñaba como maestro en la estancia Los Aromos. Allí aprendió jugando a vivir en el monte, cazar y pescar.

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Ya mayor, cursó sus estudios primarios y secundarios repartiéndose entre Santa Fe y Buenos Aires. En esta última ciudad se recibió de médico en 1926 e instaló un consultorio, pero luego lo trasladó a Resistencia, en aquel entonces capital del Territorio del Chaco, donde además se dedicó al periodismo en el diario La Voz, y a realizar exploraciones y estudios en la isla del Cerrito Argentino. Entre 1931 y 1932, dio conferencias sobre seguridad laboral. Esto le trajo problemas con el gobierno militar de aquel entonces, ejercido por Uriburu, razón por la cual decidió viajar al Paraguay. Empezaba la guerra del Chaco (1932-1935), entre Paraguay y Bolivia, y Maradona se anotó como médico camillero prestando auxilio a los soldados de ambos bandos, pues, según decía, “el dolor no tiene fronteras”.

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Con la culminación de la guerra en 1935, se decidió a retornar a su país, a pesar de los pedidos del gobierno paraguayo que intentó convencerlo que se quedara en base al aprecio que se había ganado. Tenía proyectado ir hasta Formosa y allí tomar un tren a Salta para luego ir a Tucumán donde visitaría a su hermano y por último ir a Buenos Aires e instalar un consultorio en Lobos, donde vivía su madre.

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Su misión en Estanislao del Campo: Viajando por lo que en aquel entonces se conocía como Territorio Nacional de Formosa, el tren que lo transportaba realizó una parada en la estación Estanislao del Campo -en aquel entonces denominada Guaycurri-. Este era un villorrio formado por unos pocos ranchos sin ningún tipo de servicio de luz, agua corriente o gas, inmerso en el monte chaqueño. Una persona del lugar le pidió sus auxilios como médico para una parturienta que se encontraba en estado muy grave. Después de prestarle exitosamente atención y regresar a tomar el tren se encontró con un grupo de vecinos que le rogaron que no se fuera. Maradona no lo dudó y se quedó, a pesar de que esto le hizo no solo perder su viaje sino también un trabajo seguro en Buenos Aires. Más aún, trabajaría allí por 51 AÑOS, viviendo siempre en una humilde vivienda de ladrillo, sin electricidad ni ningún otro tipo de servicio y prestando ayuda sin cobrar un peso a la comunidad indígena del lugar, formada por tobas, matacos, mocovíes y pilagás.

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Palabras de Esteban Maradona: “Cuando yo llegué empezaron los problemas. Todo esto era monte, solo había cuatro o cinco ranchos y estaba todo rodeado de indios, que me querían matar… Pero nunca les tuve miedo ni me demostré asustado. Y no por dármelas de valiente. Sino que soy así nomás. Pero con la palabra dulce y la práctica de la medicina, tratando las enfermedades, dándoles tabaco y consiguiéndoles ropas, las cosas fueron cambiando. Así los traté hasta hoy. Me remangué, me metí en el monte sin ningún temor, arriesgando mi vida y también mi salud”. (Revista Historias de la Argentina Secreta).

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En efecto, la comunidad indígena del lugar al principio le tuvo recelo, dado que en general los blancos los habían engañado y maltratado y por lo tanto no confiaban en la medicina del doctor. Sin embargo con el tiempo logró trabar amistad con los caciques del lugar y granjearse el respeto de todos, interiorizándose de sus necesidades y logrando erradicar de la zona terribles enfermedades como la lepra, el mal de Chagas, la tuberculosis, el cólera y la sífilis. Por todo esto, los indios lo llamaban Piognak —que significa “Dr. Dios” en pilagá—.

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Se dedicó además a investigar la vida y cultura de los pueblos originarios, así como la fauna y flora de la región. Logró que el gobierno le adjudicara tierras fiscales en las cuales fundó la colonia aborigen Juan Bautista Alberdi —oficializada en 1948—, les enseñó trabajos agrícolas y a construir casas con ladrillos confeccionados por ellos mismos, ya que hasta ese momento vivían desnutridos y enfermos.
-Colaboró con su dinero en la compra de herramientas y semillas, fundó instituciones para cobijar y recibir indígenas marginados, proyectó un camino hacia el río Teuco. Exploró fuentes de agua potable, Realizó mejoras en la estación ferroviaria y ayudó a erigir la comisaría del pueblo. Despreció toda forma de poder que sus esfuerzos podrían haberle redituado. Dejó testimonios en su libro “A través de la selva”. Realizó también una valiente denuncia de las condiciones de vida de los indígenas y de su explotación en los ingenios azucareros. Con estas críticas logró que en 1936 las autoridades, le dieran apoyo en un programa de promoción humana y social.

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En 1986, con 90 años de edad, enfermó y debió trasladarse a Rosario, donde vivía su sobrino. Llegó en un estado calamitoso, por lo que debió internarse inmediatamente. Ya de alta, se quedó a vivir con la familia de su sobrino, de donde no se mudaría más.
En sus últimos años recibiría homenajes y distinciones y no aceptaría ningún tipo de pensión vitalicia. Murió de vejez, a los 99 años, en Rosario, pero sus restos se guardan en la ciudad de Santa Fe, en el panteón de su familia Maradona-Villalba. El 4 de julio, día de su nacimiento, ha sido declarado por ley como Día Nacional del Médico Rural.

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