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La Calle

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La frase de hoy: “No hay árbol que el viento no haya sacudido”. (Hindú)

Días atrás, en una entrevista, Sergio Elguezábal, amigo periodista, se refirió a la preocupación por los presos que suelen merodear por los dominios callejeros… Ahora, exactamente, La Calle está entre rejas… Aferrada a los recuerdos, como si fueran barrotes y contenida por el árbol del afecto que empuja a seguir adelante… No se puede caminar rápido como antes, porque es como si el piso fuera el lomo de un potro que no quiere ocupantes…

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Es cierto que uno quisiera que los penales fueran lugares para la reinserción social. Que no es fácil. Que es más fácil construir una cárcel, que un centro que albergue a los sin techos y sus hijos… Es verdad que ya no es tiempo de llevar un pan dulce a los detenidos de Bragado… Es que ya no quedan calabozos…
-Cuando se pudo, fue el modo de decir que “afuera había gente que los tenía en cuenta…”. Fue una señal, apenas una banderita verde agitada desde lejos…

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La Calle suele darse lujos. Por ejemplo, hablar con el Comisario de Bragado: Eric Bargas. El hombre acaba de vivir un momento triste, acompañando a su familia. Para equilibrar, después llegó el cumpleaños número 25 de su hijo… Como gol en contra, surgió el llamado de un abuelo que no puede ni con los años, ni con el encierro…

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El titular de la Comisaria local memorizó datos: Móviles, personal, consignas, lugares de entrada a la ciudad que se deben controlar, vigilancia en domicilios por violencia de género, et, etc. También, al pasar, dio un ejemplo de la solidaridad que surge a veces de los uniformados. Por ejemplo, en estos días, conseguir un lugar para dormir a un muchacho que no tenía dónde… Esas actitudes no son de salir en el Parte Policial…

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Después de la conversación con Bargas, La Calle decidió que está haciendo falta una campaña de amistad entre las comunidades y la policía. Quedó flotando una frase de un policía cuando reclamaban mejores sueldos: “La gente nos trata mal; nos humillan…”, afirmó.

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El trato debe ser un ida y vuelta… Si cometemos una infracción no hay que enojarse. Ni nosotros, ni ellos. Hay ciento de ejemplos de acciones solidarias de los policías. Cuando uno de ellos muere, nos damos cuenta del valor que tienen, aunque después lo olvidamos…

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Es cierto, no siempre están de buen ánimo. Ellos deben dar el ejemplo. Si nos tratan de “Señor”, no será fácil que los maltratemos. La seguridad hace falta, para ordenar la sociedad; la inseguridad es vieja y suele ser familiar de la injusticia. Si hubiera menos inequidad, habría menos tarea para las fuerzas de seguridad…

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El mal comportamiento, según las leyes, priva de la libertad. Es suficiente castigo; no hay que agregar nada más. BARGAS, el Comisario, lo sabe y lo expresa a su gente cada vez que puede. Las personas –nosotros-, debemos aprender a respetar a la autoridad.
La autoridad debe saber que todos estamos necesitados de ser bien tratados, sin humillaciones. No es este un manual de convivencia; es apenas un puñado de reflexiones, de alguien que, cuando se queda sin temas, es capaz de predicar. Como si tuviera capacidad para opinar de todo…

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