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La Calle

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La frase de hoy: “El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla y tener que afrontar sus consecuencias”.

Desesperarse por la búsqueda de la verdad no es bueno. No se puede estar investigando todo el tiempo. La verdad -dicen los que saben-, no viste de negro ni de blanco. Es color gris y por eso, no es bueno aferrarse a las propias opiniones, sino dejando espacio para escuchar…

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La Calle trata de buscar para las ediciones sabatinas, bocadillos con sabor positivo. De esos que muestran que no todo es para el pesimismo. Considerando que los fines de semana son una especie de recreo. Con tendencia para las reflexiones y la tristeza. Por eso mismo, hay que apoyarse en acciones positivas que las hay, aunque hay que advertirlas.

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Una hija llamó al diario en nombre de su mamá mayor. Lo hizo para pedir un diario donde había salido el artículo sobre el boliche de Conde. Ocurre que la abuela había vivido en Olascoaga y en el escrito evocativo de “Pata” Echave, había personas que habían sido vecinos suyos. Se puede afirmar desde ese detalle, que los diarios siguen cumpliendo una tarea positiva, excediendo las noticias de actualidad… Los recuerdos y el pasado mantienen su espacio.

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Una fotografía que muestra imaginación y se convierte en mensaje… Hoy se transforma en ilustración de privilegio inmerecido para La Calle. En el marco de los Torneos Juveniles Bonaerenses, fue presentada por JOSEFINA y logró el mayor reconocimiento del jurado local.

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Un niño mira el basural a cielo abierto… Tiene un ramito de flores, escondiéndose en su espalda. Su idea, seguramente, es aportar una cuota de perfume en medio del humo que surge de los desperdicios. Es una contradicción que aspira a que todo el lugar cambie en beneficio de un mejor medio ambiente. Es, además, una señal indicando que todo se puede modificar. ¡Gracias! En nombre de muchos abuelos que viven la fortuna de tener nietos, capaces de oxigenar el corazón…

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Fueron tres nietos, ya grandes, quienes se encargaron de emparejar una vereda. Después de las baldosas había desniveles, complicando el avance de los adultos mayores, con dificultades de movilidad. Fue un regalo para quienes, acumulando almanaques, aprenden a valorar el significado de los pequeños gestos… Caminar despacio y seguros, para admirar el paisaje y guardarlo en un estuche de oro.

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Poema: LAS MANOS DEL ABUELO… (De Gervasio Melgar)

¡Qué hermosas son tus manos, abuelito!

¡Qué hermosas son tus manos con arrugas!
Son manos que me cuentan una historia
de sudores y penas y dulzuras.
Han trabajado mucho y han sufrido.
Saben de la alegría y de la angustia.
Supieron dar el pan, plantar el árbol,
cultivar el rosal, dar la ternura.
-Algún día lejano -dulce día-
tendré abuelo, las manos con arrugas.
-Y la gente dirá: ¡Qué hermosas manos!
¡Cómo saben de glorias y de luchas!
Y un nietecito mío, puro, alegre,
de alma empolvada con blancor de luna,
abuelo, me dirá -también mis manos
serán alguna vez, como las tuyas…

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