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La Calle

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La frase de hoy: “El tambo exige constancia; las vacas no esperan y las góndolas tampoco…”.

Desde el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA) destacaron la suba de la brecha durante septiembre entre los precios que perciben los productores y el aumento de los costos: Mientras el precio de la leche aumentó un 20% interanual, los costos se incrementaron un 36%.
Jorge Giraudo, director ejecutivo del OCLA, afirmó: “Mensualmente publicamos los valores regionales que elabora el INTA y durante septiembre los números en promedio dieron negativo, porque no se pueden cubrir los costos. Ya veníamos observando cifras adversas en algunas cuencas en los meses de julio y agosto”.

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Según el Sistema Integrado de Gestión de la Lechería Argentina (Siglea), informado por el Ministerio de Agricultura, el precio pagado al productor tambero durante septiembre 2020 fue de $19,07 por litro de leche.
Giraudo explicó que los costos subieron casi el 40% y los precios, un 20%. “Con estos números no hay manera de que el resultado sea positivo”, concluyó.

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El tambo siempre ha exigido sacrificios, aunque la tecnología avanzó y quedan pocos establecimientos sin ordeñadoras mecánicas. No hay mal tiempo, frío o calor que haga suspender el ordeñe. Las vacas ya saben la hora y se acercan al lugar.

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Habrá que reconocer a los TAMBEROS, en algún momento. Los de antes y los de ahora. A las vacas, por supuesto, se las reconoce por ser proveedoras del vital alimento. Son además, fábrica de terneros, futuros novillos que terminarán en las carnicerías…
(foto)

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Se hunde un remolcador, que participó en la Guerra de Malvinas

Desde la semana pasada se hunde en San Pedro el remolcador Comandante General Irigoyen. Se trata de un buque que participó en tareas en la Guerra de Malvinas y que desde 2010 funciona como museo en esa ciudad. Tanto los vecinos como la Armada Argentina tratan de salvar al buque, al que le entra agua y de manera progresiva se sumerge en las aguas.
El secretario de Gobierno, Silvio Corti, explicó que la Armada “llegó rápidamente a hacerse cargo de la situación, con buzos y técnicos que trabajan día y noche para tratar de sacarle el agua del buque y evitar un posible derrame de hidrocarburos”.
Manifestó que se taparon la mayor parte de los lugares en los que entraba el agua, pero que las tareas todavía no se terminaron y que queda mucho trabajo por hacer. Afirmó que en esos lugares se colocan cuñas, que fueron fabricadas por un carpintero naval. El funcionario comunal indicó que una vez que esté completado el trabajo se activarán bombas para drenar el agua de la embarcación.
Uno de los desafíos de los especialistas es evitar que se corten todas las amarras de la embarcación. Ya que en ese caso se podría producir una situación de gran peligro, porque el buque podría quedar a la deriva sin control de aguas abajo en el río, por la velocidad de la corriente.

Corti dijo que necesitan que el río “levante el caudal de agua, lo que todavía no está previsto”. Señaló que durante este año hubo en la zona “una bajante muy pronunciada” y que el buque empezó a “recostarse sobre el lecho”. Sostuvo que esperan que el río suba “para que el remolcador vuelva a su ubicación normal”. En la ciudad bonaerense se registra una fuerte baja en el nivel del agua, lo que generó el proceso de hundimiento del remolcador.
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El ARA Comandante General Irigoyen fue construido en 1944 en Estados Unidos y participó como nave de apoyo y rescate en la Segunda Guerra Mundial en el Océano Pacífico, con el nombre de USS Cahuilla.
Fue vendido a la Armada Argentina en 1961, se renombró e integró la Fuerza de Tareas 50 en la Guerra de Malvinas. El buque, que fue dado de baja, lleva su nombre en recuerdo del Comandante General de la Marina Matías de Irigoyen, que se desempeñó en ese cargo.
En febrero de 2010 el municipio de San Pedro y la Armada firmaron el convenio para que formara parte del patrimonio local. La comuna lo acondicionó, y luego el buque se convirtió en un museo.

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