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La Calle

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La frase de hoy: “Si tengo la razón nadie se acuerda; si me equivoco nadie lo olvida”. (Albert Einstein)

No es novedad. Suelen notarse más claramente los errores, que los aciertos. A la larga, sin embargo, la vida hace justicia y entrega un balance equilibrado. Somos prisioneros de una historia que transita bajo el sol de las buenas noticias, sin poder evitar que en algún momento te corte la luz…

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Relato de una vida intachable, digna de ser parte de los aforismos de José Narosky… La Calle quiere exponer el buen ejemplo del jugador MASCHERANO, símbolo de la selección nacional durante años. El medio campista que puede mostrar una foja de servicios intachable, capaz de convertirse en espejo de futbolistas y no futbolistas, acaba de anunciar su retiro de las canchas.

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Javier Mascherano nació el 8 de junio de 1984 e integró por 15 años la selección argentina; jugó en el Barcelona y entre quienes lo despidieron con las mejores palabras, está Gerard Piqué. Ganó muchos títulos, entre ellos 4 Ligas, 4 Copas del Rey y 2 de la UEFA, todo sin cambiar su forma de ser. Está vinculado a Lincoln, donde tiene una Escuela de Fútbol. Lo suyo no es despedida, sino un ¡hasta siempre!

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Hablando de José Narosky, es autor de una nota sobre el doctor Christian BARNARD, quien el 3 de diciembre de 1967, realizó el primer trasplante de corazón en la historia de la medicina. Louis Washkansky, comerciante sudafricano de 55 años, ingresó al hospital de Ciudad del Cabo afectado de esclerosis cardíaca, mal que no le dejaba ninguna esperanza de vida.

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El hombre conocía su próximo fin y escuchó con interés la propuesta del cirujano Barnard: “¿Usted estaría dispuesto a ser el primer receptor del mundo de un trasplante de corazón?” -Washkansky no tenía nada que perder ya que se moría y dio su autorización. Poco tiempo después, una mujer de 25 años, sufrió un accidente automovilístico e ingresó al hospital en agonía. Murió a las pocas horas y su familia consintió que fuera la primera donante de un corazón.

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La operación duró 5 horas y hacia el final de la intervención, un electroshock puso en marcha el corazón de la mujer dentro del pecho del hombre. Aunque el receptor sobrevivió solamente 18 días, su caso abrió nuevas perspectivas a la medicina. Barnard tenía en ese momento 45 años. Se había preparado durante 7 largos años en los dos países más avanzados en cardiología, en aquel momento: Rusia y EE.UU.

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Para los cirujanos de todo el mundo, la intervención pionera de Barnard fue una señal de largada. Apenas tres días después, médicos de Nueva York trasplantaron en un bebé un corazón ajeno, aunque el niño falleció pocas horas más tarde. Y cinco años después, en 1972 un avance crucial: El descubrimiento de la ciclosporina permitió sortear el gran impedimento de este tipo de operaciones: el rechazo inmunológico.

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A partir de allí, la medicina de los trasplantes tomó un impulso inesperado. Hacia mediados de los años 90, la tasa de supervivencia se incrementó hasta alcanzar un 85% de sobrevivientes, un año después de la operación. Y un 70% seguían viviendo todavía cinco años después.

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Otro gran logro de Barnard fue elegir como donantes a víctimas con muerte cerebral, cuando todavía en varios países -EE.UU entre ellos- se resistían a aceptarlo, pero sin la valiente decisión del científico hubiera pasado mucho tiempo antes de que los transplantes cardiacos se convirtieran en una terapia standard. Fue realmente un avance monumental.

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Hoy, el promedio de sobrevida de los trasplantados es de 12 años. Solo en nuestro país se implantan anualmente cerca de 100 corazones. Aunque la hazaña de Barnard (foto) fue un logro estrictamente científico, tuvo muchas críticas, por consideraciones de tipo moral y religioso, a las que él aceptaba con respeto. Murió de un infarto, estando de vacaciones, en septiembre de 2001.

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