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La Calle

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La frase de hoy: “Sería bueno pedir una ley que decida nuestras buenas acciones…”.

La Calle sostiene, en medio de sus pobres razonamientos, que no hace falta aferrarse a una disposición escrita para saber cómo debe actuarse en cada caso.

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De ser así, sería que como ajustarse a un libreto escrito por gente sabia. Cada persona tiene un patrón de razonamiento que le indica que está bien y que está mal.

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El pedido a las autoridades surge de parte de un grupo de madres que sufren por no encontrar la atención adecuada para sus hijos con problemas de salud. Son muchos, no siempre trascienden y a veces, eso es lo que permiten que despierten los que no debieron estar dormidos.

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Si realmente fuéramos seres humanos capaces de entender y aceptar a los demás, cada uno desde su lugar, haría por los otros lo que hace falta, para aliviar dolores, ayudar con la carga, resolver cuestiones. Es que se vive una sola vez; no hay tiempo para volver y hacer lo necesario… Hay un instinto natural y humano que nos empuja a reaccionar.
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Cada paso que damos debiera estar orientado a mostrar solidaridad para con los demás. Con todos, mucho más si son niños. El caso de Abigail, una niña con un grave mal, está internada en Buenos Aires, después de días de deambular en pos de atención. Muchos rogamos por su recuperación…

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No siempre nos enteramos, pero hay muchos niños en los remotos lugares de este país demasiado grande. Por suerte, hay manos solidarias, aunque nunca serán suficientes. Por eso, siempre se pueden sumar voluntarios.

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¿Por qué tantos docentes “militan” y adoctrinan a sus alumnos?
-Nota de Marcos Novaro

La ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, fue un poco brutal, mezcló cosas que no tienen relación entre sí, pero sin duda sus comentarios críticos sobre los “maestros que eligen militar en vez de educar”, tuvieron un gran mérito: Pusieron en el tapete una discusión que hace tiempo habría que haber encarado sobre la relación entre educación y política.
Hay múltiples evidencias de que esa relación está bastante pervertida, tanto en las escuelas secundarias como en las universidades e incluso en el nivel primario. En los últimos tiempos, se difundieron casos de profesores que en los exámenes del CBC de la UBA obligan a elegir a sus alumnos entre respuestas malas y pésimas, sobre la gestión de Macri para obtener un aprobado. Docentes de carreras de grado de Ciencias Sociales de la misma universidad, hacen más o menos lo mismo, pero al revés: exigen a sus estudiantes que desarrollen argumentos útiles para “justificar” decisiones de política del kirchnerismo.
En muchos de esos ámbitos, es un dato ya naturalizado que dictar materias de historia reciente, equivale a hablar pestes del “neoliberalismo” y festejar a “los gobiernos nacionales y populares”. Muchos docentes abrazaron esa causa y ninguno levantó su voz en público para objetarla: En todo caso se negaron a acatar, pero no se atrevieron a ir en contra del sentido común establecido.

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