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La Calle

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La frase de hoy: “Pasó la Navidad, pero no dejemos que se vaya del todo”.

Estos días, a partir de la Nochebuena, entramos en una inactividad que dejó espacio para valorar lo que tenemos y extrañar lo que nos falta… Una nostalgia inevitable iluminada por las luces del arbolito que quieren proteger.

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El Día de Navidad, marcó el cumplimiento del primer mes de la falta de Diego Armando Maradona. Cuesta acostumbrarse a esa realidad, sobre todo porque hay cientos de imágenes que lo devuelven vital y único por su entrega y la calidad de su juego.

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Un canal deportivo -frecuencia 21-, trasmitió durante 10 horas, distintas facetas de la vida de Diego. Sus comienzos; los momentos familiares; el paso por diferentes equipos, con especial atención en su gloriosa identificación con Nápoli, donde es un dios que derrotará el paso de los tiempos…

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El sábado 26, en 1947, nació en Uruguay el relator y periodista Víctor Hugo Morales. Su relato del histórico gol de los ingleses, en México 86, también habrá de perdurar como un poema futbolero, dicho en medio de un clima muy especial.

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Unos minutos antes de esa jugada de “otro planeta”, Maradona había puesto en vigencia “la mano de Dios”, haciendo un gol que pareció de cabeza, pero tuvo la valiosa ayuda de las mano izquierda del 10… Ni lerdo ni perezoso, salió a celebrarlo y eso convenció al árbitro y al juez de línea que marcó la mitad de la cancha. A esa altura, hasta Diego estaba convencido de la legalidad de su jugada…

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Nobleza obliga… A resaltar la ética de Víctor Hugo que, en el vértigo del relato, dejó muy claro que, “para nosotros fue mano…”, aunque el árbitro lo convalidó… Después para despejar dudas, de los pies y la mente de Maradona, nacía el mejor gol de la historia, la forma visual de darle inmortalidad.

El papa Francisco criticó a los “pesebres de vanidad”

El Papa Francisco celebró el jueves la misa del Gallo en la Basílica de San Pedro. Y en su mensaje para los 1200 millones de católicos del mundo, cuestionó los “pesebres de vanidad”.
“Insaciables de poseer, nos lanzamos a tantos pesebres de vanidad, olvidando el pesebre de Belén. Ese pesebre, pobre en todo y rico de amor, nos enseña que el alimento de la vida es dejarse amar por Dios y amar a los demás“, remarcó el pontífice.
“Jesús nos da el ejemplo: Él, el Verbo de Dios, es un infante; no habla, pero da la vida. Nosotros, en cambio, hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”, añadió.
Para respetar las disposiciones sanitarias impuestas en Italia, que con más de 68.000 fallecidos es el país con más alta tasa de letalidad en Europa por coronavirus, Francisco celebró una Misa de Gallo distinta a la de otros años. En una imponente basílica de San Pedro casi vacía, el Papa invitó a observar “la ingratitud del hombre hacia Dios y la injusticia hacia tantos de nuestros hermanos”.
“¿Ha hecho bien el Señor en darnos tanto, hace bien en seguir confiando en nosotros? ¿No nos sobrevalora?”, se preguntó.
En la continuidad de su mensaje, Francisco puntualizó que Jesús “no es capaz de dejarnos de amar. Él es así, tan diferente a nosotros. Siempre nos ama, más de lo que nosotros mismos seríamos capaces de amarnos. Ese es su secreto para entrar en nuestros corazones.
“Él sabe que la única manera de salvarnos, de sanarnos interiormente, es amarnos. Sabe que nosotros mejoramos sólo aceptando su amor incansable, que no cambia, sino que nos cambia”. Para el Papa, solo el amor de Jesús “transforma la vida”, “sana las heridas más profundas” y “libera de los círculos viciosos de la insatisfacción y de la ira”.
“¿Por qué nació en la noche, sin alojamiento digno, en la pobreza y el rechazo, cuando merecía nacer como el rey más grande en el más hermoso de los palacios? ¿Por qué? Para hacernos entender hasta qué punto ama nuestra condición humana: hasta el punto de tocar con su amor concreto nuestra peor miseria. El Hijo de Dios nació descartado para decirnos que toda persona descartada es un hijo de Dios”, profundizó.

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