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La Calle

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La frase de hoy: “Todos los tiempos han sido testigos de gestos de solidaridad”. Con los uruguayos somos lo mismo, divididos por un poco de agua”

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La Calle es de nadar escasa de imaginación. Por eso, como otras veces, acude la inspiración de quienes realmente saben decir cosas. O han sabido y por eso perduran. Hoy se trata del poeta uruguayo Yamandú Rodríguez, quien murió en Montevideo el mismo año que Maroni: 1957…
Vvvvvv

En relación con el gesto de los paisanos que “devolvieron” al abuelo sus pertenencias, hay que decir que en Brasil pasó algo parecido, igualmente emotivo. Un profesor de Historia, Marcelo Siquiera, 87 años, debía vender su autito modelo 72, porque la pensión no alcanzaba…Enterados sus alumnos de años anteriores, se reunieron, juntaron la plata para la compra y después de repararlo, se lo reintegraron al Maestro, “por lo mucho que había sembrado en la vida…”. Don Marcelo supo pudo llorar de emoción, para dar las gracias…

El Remate, de Yamandú Rodríguez


-El poeta uruguayo nació el 25 de mayo de 1891…

Falta el aire, y sobran moscas en este domingo de enero,
el sol fríe la chicharra, duerme un matungo azulejo,
algunos pollos con gárgaras están de picos abiertos,
por los charquitos de sombras hay unas guachas bebiendo,
por los caminos calientes cruza la siesta en su lerdo,
ojos azules de cardo curiosean desde lejos,
y asoman por las retamas, ojos azules de ceibo, todo es dulce de tan pobre..

Frente al rancho de tanteo, que esta
con los cuatro codos deshilachado de tiempo,
subasta un rematador, las pilchas de un criollo viejo,
hay muchos interesados, son vecinos todos ellos,
muchachos que hasta hace poco le llamaban «el abuelo».

Recostado sobre el palenque los mira tristón el viejo,
han ido a comprar barato cosas que no tienen precio,
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo…:
que vale este par de espuelas, si las rodajas de fierro,
son como dos lagrimones que llorasen por su dueño,
con ellas salió a ganar hace ya muchos inviernos,
la novia en un bagual blanco, la vida en un bagual negro.
Los mozos suben la oferta, doy 10, 15, 20 pesos,
disputan como caranchos el corazón del abuelo,
que al escucharlos se pone rojo de vergüenza el cielo.

Son suyas las nazarenas, dice a uno el martillero,
le han vendido las lloronas, hoy por desgracia hoy tan luego,
que en el palenque la vida le ato su bagual más negro,
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo..

Sacan a la venta un poncho, donde garúan los flecos,
para mojarle la cara al que se lo lleve puesto,
tiene la boca zurcida, y lo gastó tanto el tiempo
que a tras luz del calamaco se ve la historia del dueño,
guampas chuzas y facones lo acribaron de agujeros,
pero su filosofía siempre le puso remiendo,
de día con un celeste, de noche con un lucero…

Yo pago por esa pilcha tuita la plata que tengo,
subo a una onza la oferta, si no hay quien de más lo quemo.
Entonces cae el martillo en lo más duro del silencio,
un mozo se llevó el poncho y allí cerca el pobre viejo
está temblando de frío en una tarde de enero,
y piensa con amargura, ya no da criollos el tiempo.

Así perdió en la bajada lo que ganó en el repecho,
una a una las ovejas, pilcha por pilcha el apero,
quisiera salvar del lote su mancarrón azulejo,
pa´ que lo agarre la noche en un caballo estrellero,
no tiene más que uno, y ese, se lo quema el martillero.

Allí terminó el remate, cobro la cuenta el pulpero,
¡ aura sí! Al verlo tan amargao tan desecho,
todos los rumbos arrollan los lazos de los senderos,
y son cuatro pialadores los que están esperando al viejo,
en cuanto quiera salir, le van a dar contra el suelo…

Entonces aquellos mozos se acercan pa´ defenderlo,
y el más ladino le dice entre temblón y risueño, todos compramos sus pilchas, pa´ salvárselas abuelo, aquí tiene sus espuelas, aquí tiene su azulejo”,
Otro le trae en los brazos, igual que un niño, el apero,
otro le entibia las manos con aquel poncho de fleco,
y otro que no compró nada, le estampa en la frente un beso…
Porque sigue dando criollos, muy lindos criollos el tiempo…

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