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La Calle

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La frase de hoy: “Hay días en que el mejor mensaje es el silencio”.

Llorar por hambre, mientras muchos miran para otro lado

-En la plaza de la estación de trenes de Morón, un grupo de vecinos solidarios le da de comer a gente que está en las calles -No hay presencia del Estado -La comida se acaba y Juan pide disculpas por sus lágrimas

Por Gustavo Tubio.

No hay palabras para describir lo que uno siente cuando ve a una persona llorar por hambre. Es desgarrador pero, sobre todo, es incomprensible que esto ocurra en este país. Es intolerable, es indignante, y más indignante es que los responsables de solucionar esto miren para otro lado y se echen las culpas mutuamente sin resolver nada.
Los que están hoy ahí rogando comida son nuestros hermanos, son nuestros vecinos, puede ser nuestro padre, nuestra madre, nuestra hermana, podemos ser nosotros mañana.
Hoy nuestra gente llora de hambre y en esta época, además, tiembla de frío.

En la plaza de la estación de trenes de Morón, como en tantos otros lados, un grupo de vecinos solidarios da de comer a gente que está en las calles, que perdió todo, o casi todo, y que ese plato con arroz con pollo, que recibe a las 20:30, es, quizás, el único alimento del día.
-La cola para recibirlo da vuelta la manzana. Ahí hay adultos mayores, hay chicos, hay madres, hay gente que hace años está en situación de calle y hay clase media que no le alcanza para pagar sus deudas y pide comida porque no la puede comprar.
En este caso, los ángeles que juntan las donaciones, preparan la comida y organizan el reparto son vecinos que armaron una ONG cuyo nombre es Asociación Civil “Unidos con Propósito”. Por un lado, cientos de vecinos pidiendo y por el otro estos hombres y mujeres solidarios dan lo que pudieron conseguir. Hay mucha gente, pero por más que se mire para uno y otro lado no hay presencia del Estado. No está la municipalidad, no está el gobierno provincial, ni el nacional, no están los que tienen que resolver. Quizás no quieren ver, por eso no están…
Cuando se rasca hasta el último grano de arroz de la olla todavía hay gente esperando comer. Panzas con hambre que se van a ir igual que cuando llegaron. La comida se acaba y a Juan solo le dieron una empanada y un pedazo de pan. Juan tiene 58 años. Durante más de 20 años trabajó como chofer de una línea de colectivos, pero un accidente le impidió seguir. No está jubilado y no recibe planes. Está en la calle porque no puede pagar ni una habitación de pensión. Tiene hambre, tiene frío y, sobre todo, tiene impotencia.
-Llora sin protestar ante el organizador solidario que le explica que la comida se acabó y que no tiene nada más para darle. Juan le pide disculpas por sus lágrimas y solo atina a decir que quiere lo que el país le debe, llora de impotencia, maldice su destino y se va mascullando broncas. Juan se pierde por las calles de Morón y, con hambre, va a buscar un lugar donde dormir sin molestar. Solo tiene unos cartones para taparse.
Mañana será otro día, pero para Juan todos los días son iguales. Ya perdió el sentido del tiempo, usa barbijo sucio y mal colocado. Está solo frente a todo. Nadie lo ve, pero está ahí. Juan es uno de nosotros…

-P.D.: La Calle no pensaba publicar textual este escrito. Es duro su contenido. Debió recurrir a él, ante la falta de imaginación para elaborar algo propio. Perdón…

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