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La Calle

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La frase de hoy: ”El boxeo es un duro oficio que debe estar protegido”.

La Calle quiere reunir apuntes sobre el deporte de los puños, a partir de la figura de dos chaqueños; Sergio Víctor Palma (hay resumen de su trayectoria) y don Luis Landriscina que, sin ser pugilista, ocupó escenarios –también en soledad-, a través de relatos que nos enriquecieron con la humilde riqueza de su sinceridad e imaginación.

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Don Luis, muchas veces presentándose en Bragado, nació en El Chaco, el 19 de diciembre de 1935 y actualmente sigue activo. Por ejemplo acaba de escribir la letra para un tema de Hernán Prado, que rinde homenaje al mate… (La foto lo recuerda sobre los escenarios, ponchito sobre el hombre izquierdo…)

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Sobre el boxeo, La Calle quiere destacar la tarea como médico del doctor Aníbal Rizzo que, a cargo de la revisación de los boxeadores en infinidad de festivales, siempre priorizó la seguridad física de los principales protagonistas de cada festival. No siempre pasa…

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En Córdoba, un boxeador de apellido Fredes, se desvaneció en medio de un combate. Fue en el séptimo asalto de una dura pelea. Dos años antes había sufrido en ACV. ¿Estaba en condiciones de recibir golpes? El doctor Rizzo hubiera tenido en cuenta aquel antecedente.

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Bragado ha tenido tres campeones argentinos. Valga la mención de sus nombres como reconocimiento a la tarea que llevaron adelante representando a su ciudad de origen. Andrés SELPA, Carlos OLIVERA y Juan “Terín” LENCINA.

Sergio Víctor Palma, una vida entre las cuerdas
Fue el primer argentino en salir campeón mundial en EE.UU.; cantó, tocó la guitarra y hasta sacó un disco. Tras dejar el boxeo, se volcó al periodismo y pasó 20 años como columnista de Olé.
Por mandato del periodismo de boxeo, que suele meterle todo el documento a la denominación de los protagonistas, un gran campeón mundial argentino de los 80 fue conocido como Sergio Víctor Palma. Si hubiese sido atleta o jugador de fútbol, se lo habría llamado Sergio Palma o solo Palma. Sin embargo, pasó al pedestal de los guantes con todas las letras, como el gran rey del boxeo que fue.
La nota se escribe en pasado porque quien naciera el 1° de enero de 1956 (65 años) rodeado de toda humildad -en el amplio sentido de la palabra- en Tripa, un municipio chaqueño de 5.000 habitantes, murió el lunes 28 de junio en el Hospital Interzonal General de Agudos de Mar del Plata por culpa del Covid. Palma estaba internado allí desde el 14 de junio y su estado fue empeorando hasta que se produjo su fallecimiento.
Sergio Víctor era un tipo que engañaba fácilmente desde su imagen. Ojos verdes, simpaticón, se ponía los cortos, las botitas y los guantes y transformaba esa apariencia bonachona en un peleador que no dejaba de atacar a su presa hasta el último guantazo. Ese hambre de victoria lo empardaba con una buena técnica pulida por un maestro, Santos Zacarías, más el manejo de Tito Lectoure. Con esa retaguardia y sus puños en el frente de batalla se armó la ingeniería para sorprender al mundo con el éxito que le dio el cinturón súper gallo (hasta 55,338 kilos) frente a Leo Randolph.

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