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La Calle

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La frase de hoy: “Un día alguien soñó con volar como los cóndores… y nació el avión”.

Los fines de semana son ideales para detener la mirada en el paisaje. Es algo que, en general, no se hace muy seguido por el apuro que impone la existencia. Sin llegar a preguntarnos si no habrá que andar más despacio, para llegar antes… Hay muchos tropezones de los más apurados…

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Hay una canción que se pregunta por el destino de los pájaros cuando llegan al final de sus vidas. Detrás de cada uno de ellos hay una historia, generalmente misteriosa. Tal vez convenga preguntarse por el destino futuro de gorriones, horneros, calandrias y palomas… La Calle prefiere suponer que seguirán estando, pese al avance del cemento con poco espacio para las plantas…

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En la tarde soleada del sábado, fue posible observar a este árbol (foto) que, debido al invierno, se ha quedado con las ramas desnudas de hojas… En ese estado, con poco y nada de abrigo, había no menos de seis palomas que lo habían elegido para pasar allí sus horas…

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Había sol y tal vez ellas tenían otro lugar dónde refugiarse para dormir… Habría que acercarse al anochecer para saber algo más de ellas. Al verlas surgió el recuerdo del gigantesco palomar de los abuelos… Era de sólidos ladrillos, con nidos en el interior del mismo material. Tenía una sola puerta de entrada y, cuando alguien llegaba, se producía un abandono apresurado de los nidos, debido a la sorpresa… Semejaba un trueno apagado, producido por tantas alas…

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Las aves, cualquiera de ellas, están para alegrar la existencia. No todos son canarios que, por el sonido de sus gorjeos, son encarcelados en pequeñas jaulas. Ellos, aunque sin libertad, no tienen que preocuparse ni por techo ni por alimento…

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Se sabe que las calandrias no son de habituarse al encierro. Es conocido el dicho, debidamente comprobado, que mueren de tristeza al poco tiempo. Es su modo de asegurarse el poder volar libremente, aunque cueste conseguir abrigo y comida…

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Hay entidades que protegen a los perros, lo cual no impide encontrarlos por las calles sin tener dueños fijos. La solidaridad vecinal se encarga de arrimarles algún plato de comida, actitud surgida del propio sentimiento, sin que haya campañas en ese sentido.

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Cada comunidad tiene dificultades y les va resolviendo a su modo. Muchas veces con apoyo de instituciones creadas para ello. Cada casa es un mundo y aunque suele predominar una dosis de egoísmo, muchas veces la solidaridad resuelve problemas. Es así desde tiempos remotos, cuando muy poco había para dar debido a que era muy poco lo que cada uno tenía…

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Extrañamente, piensa La Calle, no han surgido campañas de protección a los pájaros en general. Se toleran a las palomas, muchas veces criticadas por el daño para hacen en techos y desagües… Cada año sabía celebrarse la llegada de las golondrinas, que hacen cientos de kilómetros en busca de lugares alejados del frío. Fue hasta que nos fuimos quedando sin tiempo…

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El hombre terminó volando como los pájaros… Ahora hasta ha diseñado un auto que se convierte en avión. La Calle agradece a un árbol sin hojas, por dar asilo a quienes, de ser por nosotros, no tendrían dónde abrigarse… Es decir, siempre tendremos cosas que aprender de quienes viven cerca, sin que nos demos cuenta…

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