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La conmovedora historia de Diego Schwartzman: La guerra, la sentencia del médico, la ruina familiar y su lucha

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El tenista que impactó con su maratónico triunfo ante Thiem en Roland Garros, repasó los momentos que forjaron su fortaleza, incluso en las horas más críticas.

La historia de Diego Schwartzman es diferente a la de la gran mayoría de los tenistas. Su talento, su épica y coraje no se forjaron en los clásicos circuitos de formación, por los que casi no pasó -y cuando lo hizo le fue mal-, sino que fue la vida misma la que le permitió entender que el aprendizaje de los peores momentos moldean las grandes personalidades. Como la suya.
El Peque, semifinalista de Roland Garros 2020, contó gran parte de las experiencias personales y de su familia que lo transformaron, que determinaron lo importante de lo que no lo era aún en los trances de mayor confusión. Lo hizo en una entrevista que concedió al sitio de la ATP, en su apartado especial En Primera Persona.
-Fanático de Boca, amigo de Rafael Nadal, uno de los tenistas más queridos del circuito y adorado por su familia. El Peque Schwartzman…
“Mucha gente me pregunta sobre mi estatura”, dijo cuando le hicieron una de las preguntas que más debe haber escuchado en su vida: ¿Cómo te afecta medir 1.70m como tenista profesional?
“Mi respuesta es siempre la misma: Tengo problemas peores que ser 10 centímetros más bajo que todos los demás. Pero cuando entro a una cancha de tenis no pienso en lo alto que soy o cuánto más grande es mi oponente. Sé que hay una diferencia, pero ¿y qué?», apuntó.
-Y en este marco agregó: “Tal vez si fuera 10 o 15 centímetros más alto, tendría un mejor servicio o podría golpear con más potencia. Pero mi altura no va a cambiar. No voy a despertar con el tamaño de John Isner o Ivo Karlovic”, sentenció al referirse a los dos jugadores más altos del circuito.- De la fortuna a la ruina… Antes de nacer, mi familia se ganaba una vida increíble en Sudamérica. Poseían una compañía de ropa y joyería que les hizo ganar mucho dinero. Tenían una casa en Uruguay donde iban cada diciembre y enero para disfrutar del verano. Tenían una casa en la capital y otra fuera de la capital. Poseían muchos autos. La vida era asombrosa.
Pero las cosas cambiaron cuando nací. Mi familia lo perdió todo. En la década de 1990 en Argentina, el gobierno redujo las importaciones. Mi padre seguía gastando dinero para tratar de conseguir cosas fuera del país, pero no había ninguna posibilidad y comenzó a ir de mal en peor. -Fue terrible. Mi madre trató de obtener el material para la ropa de China, pero no había forma de obtenerlo en Argentina.
De repente, mi familia ya no tuvo más negocios, ya no tuvo más casas ni autos de más. Solo éramos yo, mis dos hermanos mayores, mi hermana mayor y mis padres, tratando de ganarnos la vida.
Debido a que no teníamos mucho dinero, fue realmente difícil comenzar a jugar tenis o cualquier otro deporte. Realmente no nos lo podíamos permitir. Pero jugué tanto como pude.

LOS COMIENZOS
Empecé a viajar a muchos torneos con mi madre. Mi padre nos prometía que nos había reservado un buen hotel con TV, computadora, Internet y todo lo que necesitábamos.
Solía llamarlo todo el tiempo para preguntarle por qué nos mentía. Nunca había televisión, y en casi todos los torneos a los que asistíamos teníamos que compartir una cama. Nos alojamos una vez en un hotel solo porque una habitación costaba muy poco. Era lo mismo una y otra vez, pero no teníamos otra opción. Esto era lo que podíamos permitirnos.
En un momento, incluso estábamos vendiendo pulseras de goma que quedaron del negocio que tenía mi familia. Hicimos todo lo posible para obtener dinero para pagar los viajes a los torneos y los costos de viaje.

Mirando hacia atrás, fue una situación difícil. Pero en ese momento, fue divertido. Ayudé a mi madre a vender las pulseras, y también lo hicieron algunos de los otros jugadores. Entre partidos, todos corríamos con una bolsa de pulseras para ver quién podía vender más, y mi madre les daba el 20 por ciento del dinero por cada una. Eran dos competiciones en una: tenis y venta de pulseras.
-En ese momento entendía por qué hacíamos todo esto, pero no lo sentía, porque mis padres intentaban trabajar duro para dejarme concentrar en jugar y viajar mientras ellos se preocupaban por el dinero.
Cuando tenía 13 años, comencé a hacer vuelos por mi cuenta a lugares como Colombia, Venezuela y Ecuador, y lloraba en el avión. Quería estar con mi familia. Pero jugar esos eventos fue parte de mi viaje. Y sé que incluso si esos tiempos fueron difíciles, me ayudaron a ser un mejor competidor.
-Ricardo Schwartzman y Silvana Daiez, son padres de Diego Schwartzman y Silvana Daiez,
Además, cuando tenía 13 años, un médico me dijo que nunca sería más alto que 1.70 metro. Sé que les dije que la altura no significa mucho. Pero en aquel entonces, estaba devastado. No sabía lo que iba a poder hacer bien en mi vida si el médico tenía razón. No sabía si aún quería jugar al tenis.
-Sin embargo, mis padres no me dejaron bajar. Me dijeron que mi altura no debería influir en mis sueños. Y afortunadamente, cuando tenía 15 o 16 años, comencé a tener muchas personas alrededor que intentaron ayudarme con dinero, viajes, entrenador, todo. En ese momento, se hizo más fácil para mi familia y para mí.
Nunca fui uno de los mejores juniors: el único Grand Slam junior que jugué fue la clasificación del US Open 2010, donde perdí en la primera ronda. Le envié un mensaje a mi familia ese día, diciendo que no sabía lo que estaba haciendo allí. Pero ya no pienso en todos esos tiempos difíciles. Y una vez que me convertí en profesional, nunca dudé de mí mismo, sin importar las probabilidades.
-Diego ha compartido muchos momentos con David Nalbandian, cordobés.
Siempre tuve confianza en mi juego y mi carrera. Siempre pensé que podría hacerlo. Aquí estoy ahora, compitiendo con los mejores jugadores del mundo.
Saber por lo que pasó mi familia me enseñó valiosas lecciones sobre la importancia de la familia y me dio una mejor comprensión de cómo ver el panorama general en lo que respecta a los deportes. Pase lo que pase en mi carrera, nada se comparará con lo que mis padres soportaron.

COSECHARÁS TU SIEMBRA
“Nunca imaginé que mi carrera estaría donde está ahora. Pero no importa con lo que me haya enfrentado, siempre he trabajado duro y creo que superar esos obstáculos me ha convertido en un mejor competidor y una persona aún mejor. Si puedo llegar tan lejos, tú también puedes. Cree en ti mismo sin importar nada, da todo lo que tienes y un día, incluso si mides 1.70 metro, también podrás cumplir tus sueños…”.

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