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La frase de hoy: “En medio del desaliento, siempre hay que buscar la luz de la fe”.

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La Calle sabe que no hay decir una cosa y hacer otra. Si aconsejamos apoyarse en el Dios de la esperanza, no tenemos que dejarnos ganar por los que claudican ideales y sólo piensan en hacer negocio y defraudan a quienes creyeron en ellos…

Vvvvvv
Discépolo especie de abanderado del desaliento a través de las letras de sus temas, nunca dejó de apoyarse en Dios. Con Tormenta lo dejó bien claro.
Vvvvvv

En un rincón de su alma de niño atormentado, siempre tuvo señales de la existencia del ser que, desde algún sitio, se encarga de premiar a los que supieron caminar en defensa del bien.
Vvvvvv

Discépolo siempre supo que no “es lo mismo ser derecho que traidor…”. Si lo escribió en una noche oscura, fue para despertar a quienes no se han dado cuenta…
Vvvvvv

No se trata de “emborracharse para no pensar”. Lo que corresponde es “pensar” para no caer en la curda que se hace amiga de quienes se empecinan en vender un buzón a los crédulos…

Vvvvvv

“No hay mortaja con bolsillos a la hora de partir”, eso también lo sabía. Por eso, nunca desalentó a los que pensaron en sus semejantes antes que en ellos mismos. No puedo disfrutar del banquete de los poderosos, si el vecino no tiene PAN en su mesa…

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Tormenta…
Enrique Santos Discépolo

¡Aullando entre relámpagos,
perdido en la tormenta
de mi noche interminable,
¡Dios! busco tu nombre…
No quiero que tu rayo
me enceguezca entre el horror,
porque preciso luz
para seguir…
¿Lo que aprendí de tu mano
no sirve para vivir?
Yo siento que mi fe se tambalea,
que la gente mala, vive
¡Dios! mejor que yo…
Si la vida es el infierno
y el honrao vive entre lágrimas,
¿cuál es el bien…
del que lucha en nombre tuyo,
limpio, puro?… ¿para qué?…
Si hoy la infamia da el sendero
y el amor mata en tu nombre,
¡Dios!, lo que has besao…
El seguirte es dar ventaja
y el amarte sucumbir al mal.
No quiero abandonarte, yo,
demuestra una vez sola
que el traidor no vive impune,
¡Dios! para besarte…
Enséñame una flor
que haya nacido
del esfuerzo de seguirte,
¡Dios! Para no odiar:
al mundo que me desprecia,
porque no aprendo a robar…
Y entonces de rodillas,
hecho sangre en los guijarros
moriré con vos, ¡feliz, Señor!

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