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La frase de hoy: “Florencio Constantino no solo fue un tenor virtuoso, sino una buena persona”.

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La vida del tenor vasco que legó un teatro a Bragado como señal de agradecimiento, es digna de escribir un libro con sus penurias de inmigrante, hasta llegar a estos pagos allá por 1893 cuando teníamos solo 11.200 habitantes y 47 mil hectáreas de maíz para cosechar…

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Miguel Ezquerro, estudioso de la vida de Constantino, escribió en ”Historias para ser contadas”, que esa calidad productiva, más la llegada del tren en 1877, convertían a este lugar en ideal para quienes llegaban con la esperanza de encontrar trabajo y hacer fortuna.

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Florencio Constantino había nacido el 9 de abril de 1868, en Ortuella y llegó a Buenos Aires cuando sólo tenía 21 años. Para ese entonces, se había casado con Luisa Arrigorriaga Larrazábal y a poco de llegar compró una trilladora a la empresa Agra Cross, a la cual pagó religiosamente a lo largo de dos años.

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En el curso de apenas cuatro años, entre 1890 y 1893, habían nacido los hijos del matrimonio; Dolores (1890), Rosa en 1891 y los mellizos Antonio y Ricardo en 1893. Todos fueron bautizados en la iglesia Santa Rosa de Lima.

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Constantino aprendió a cantar de todo, desde canciones vascas de la añoranza, hasta milongas, triunfos y cielos. Esquerro recuerda en su nota, trasladando datos de don Julio Goyén Aguado, un estudioso de la vida del tenor, qué en 1911, ya cantaba en teatros de Buenos Aires. Monseñor Aneiros, tal como se sabe, fue quien lo descubrió y aconsejó estudiar canto. En aquellos tiempos, por aquello de la voluntad, parece que era más fácil llegar lejos…

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Ya en 1907, Constantino había ganado 800.000 dólares de la época. En 1908, en Buenos Aires, se inauguró el teatro Colón. El tenor vasco fue contratado para la temporada de 1909. Se acercaba, por supuesto, el momento de inaugurar el teatro en Bragado, lo cual ocurriría en noviembre de 1912. Se asegura que, para Florencio, los días pasados de noviembre del 12 a enero de 1913, fueron los más felices de su vida.

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Constantino gastó mucho dinero en el teatro que fue señal de agradecimiento a quienes lo vieron en sus tiempos de inmigrante desconocido y lo ayudaron a llegar hasta los grandes escenarios del mundo, compitiendo con el gran Enrico Caruso, después de haber tenido duelos de improvisación con el gran payador Gabino Ezeiza. Bragado es especial: Aquí se han producido hechos que no han sido frecuentes en otras partes del mundo…

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