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La frase de hoy: “Hay tanto para decir que no queda tiempo para hacerlo…”.

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Son tiempos difíciles, demasiado complicados, como escribiendo una historia inédita. Con necesidad de hallar buenos recuerdos. La Calle termina elevando oraciones compartidas, rogando por el descanso de quienes deben partir en estos tiempos.
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Todo sucede rápidamente, sin dejar tiempo para las despedidas, una asignatura que nos deja con palabras que nunca diremos y dan vueltas en la garganta. Será por eso, que La Calle mantiene una afonía que no se explica. Abrazarse a la fe alivia y es lo que evita la adhesión al desaliento permanente.
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Hay sueños que llegan extrañamente. Es decir, no hay razones para que surjan recuerdos de su paso por la existencia. Quedan guardados en la memoria, hechos y circunstancias que de golpe afloran y pueblan la mente mientras descansamos.
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Se cumplirán 5 años de su partida dentro de pocos meses. Carlitos “Chiquitín” AMAYA tenía solo 46 años y vivió entre luces y sombras, como pasa con muchos de nosotros. Tuvo su paso por el Hogar Miqñaquy y después, al crecer, no siempre encontró el abrigo necesario.
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A veces durmió con las estrellas como techo y en algunos casos faltaron frazadas para alejar el frío que suele no perdonar las carencias. “Chiquitín” supo conocer la plaza Güemes donde encontró amigos que aliviaron su carga de pesares. Mucho ayudó el Hospital Municipal en donde siempre fue atendido, aunque no siempre pudo seguir los tratamientos.
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La Calle sintió una rara sensación de alivio, al reencontrarlo en medio de un sueño. Su final inesperado se produjo, justamente, al llegar al Hospital en busca de atención. Dios quedó a cargo de hallarle un lugar para el buen descanso merecido.
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Están aplicando vacunas, una de las maneras de aliviar los efectos del coronavirus. Ayer fuimos testigos del operativo que se lleva a cabo en el Salón Parroquial de Santa Rosa de Lima. Es una convocatoria a la esperanza, sin dejar de tomar todas las precauciones posibles.

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Matías Almeyda quiso comprar vacunas contra el coronavirus para la gente de Azul

El 2 de marzo, Matías Almeyda sufrió la pérdida de su padre a causa del coronavirus. Fue la muerte que más lo impactó dado la gran relación que los unía y la gran admiración que el exfutbolista tenía por el hombre que lo crió. A partir de esto el Pelado se puso a averiguar la posibilidad de comprar vacunas y traerlas a nuestro país para ayudar a la ciudad de Azul, el pueblo en el que creció.
“Hace 20 días llamé a un político importante de Argentina porque quería vacunar a toda la ciudad de Azul, quería pagar todas las vacunas, no me importaba lo que iba a costar. Si me quedaba sin lo que tenía no me importaba porque la pérdida de mi padre y muchos conocidos me dio mucha tristeza. Tenía todos los contactos para llevar las vacunas pero lamentablemente no se pudo”, dijo Almeyda.
El exfutbolista contó algunos detalles sobre por qué no se pudo realizar la operación y señaló que no está permitido en nuestro país por una cuestión de Estado.

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