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La mentira tiene patas cortas…

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“La propia vida tiene valor en la medida en que uno le dé valor a la vida de los demás, por medio del amor, la amistad, la indignación y la comprensión”, Simone de Beauvoir.

La semana pasada advertimos desde la CCARI Bragado con un proyecto de ordenanza, que se estaba haciendo política partidaria o sectorial con las vacunas para el COVID 19, apropiándose de ese patrimonio de la sociedad argentina, para vestirse de “salvadores”.
Sin embargo esas promesas de salvación o de protección del pueblo fueron mentirosas. No nos estaban cuidando sino que nos entretenían con operativos e instructivos mientras se apropiaban del pasaporte a la salud para ellos y sus amigos, sin importar si les correspondía.
Nos dicen que les importamos y mientras tanto inoculan a veinteañeros o personajes VIP. Y esto pasó no solamente en capital sino en muchas ciudades de nuestra provincia y del país. Sobran los testimonios en los medios de prensa.
¿Por qué vale más la vida de un joven camporista, Horacio Verbitsky, un conocido profesor de medicina o un conocido sindicalista y su familia que las personas de mayor edad, el personal médico o aquellos que padecen factores de riesgo?
¿No debería acaso regirse por un criterio imparcial o indiscutible como por ejemplo la edad?
Este desprecio por la vida de los ciudadanos (que insisto constituyen el pueblo soberano) no puede pasar sin dejarnos enseñanzas.
De una vez por todas debemos reconocer al gobernante que nos dice lo que queremos oír y nos da migajas, a cambio de comportarse como el amo de Argentina clavándonos un puñal por la espalda.
Somos los que votamos y por lo tanto nuestro sentir, nuestros valores, nuestros límites marcan el paso. Hagámonos oír. Todos los días y al momento de emitir el voto.
Entendamos que el que te convence hoy con espejitos de colores, mañana decide sobre si tus hijos van a clase, qué impuestos vas a pagar, la dirección de la economía que hace que tu sueldo valga o no y, como se vio en esta pandemia, la chance de que tu familia pueda sobrevivir.
Aprovecharse de la ciudadanía es siempre una actitud miserable. Los argentinos estamos cansados de los discursos de igualdad que no se ven reflejados en los hechos, mientras los que detentan el gobierno obtienen prebendas y beneficios.
-El poder siempre estará en el pueblo. Hagámoslo sentir.

(Gacetilla de prensa)

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