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La payaterapéutica que cuenta los días para volver a sanar corazones

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Se trata de Valeria Lencina, quien comenzó a respirar este mundo hace 6 años. Su historia.

El primer paso, sin saberlo, lo dio cuando decidió ser acompañante terapéutica. Al tiempo, algo la marcó para siempre. Tiene todo por delante y eso también es felicidad para ella.
Valeria Lencina no ve la hora de volver. Se prepara con todo. La esperan unos cuantos que saben de angustia, pero con su medicina logran olvidar. Desde hace 6 años, va como payaterapéutica, mundo que deja conocer.
Con la cabeza en el pasado, refresca que todo empezó cuando vio un video filmado en el Hospital Garrahan. “Me conmovió, me empecé a interesar y me fui a cursar a 25 de Mayo”, agrega.
En ese centro de salud porteño aparecían los payaterapéuticos, acompañantes terapéuticos vestidos de payasos que regalan “un momento divertido” a través del juego, según informa.
Un payaterapéutico usa nariz naranja porque el rojo se relaciona con la sangre y guantes celestes o azules, color que tranquiliza a las personas autistas. “Todas esas pautas te las enseñan cuando haces el curso”, comenta.
Además de los niños, este grupo no se olvida de los adultos mayores. En su caso, tal como remarca, sus visitas se explican desde el lado solidario y eso es “muy emocionante”. Hace poco, era “Lolo” quien regalaba lo mejor, el personaje que inventó.
Vuelve para atrás. Fue cuando revela que es paciente de riego y eso la llevó a tratarse varias veces fuera de Bragado. Ahí estaban los payaterapéuticos, quienes le transmitieron “mucha paz”, recuerda que la emociona.
La salud le jugó una mala pasada, pero jamás bajó los brazos. Eso es lo que la lleva a demostrar “que todo se puede, que la vida es linda, solo hay que ponerle un poquito de color”, mensaje que suelta con muchas ganas de seguir.
“Estoy como afrontando la vida. Por más circunstancias feas que tenga, se puede salir con esfuerzo de uno y también ayuda”, manifiesta al final con una tranquilidad que sana.

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