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La vecina de los viajes solidarios y una “felicidad plena” sanadora

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Victoria Ortega tiene varias visitas a Salta para ayudar a los chorotes de La Merced; cómo vive cada aventura, por qué nunca se detendrá y qué le quedó pendiente.

Tiene 34 años y entendió desde hace unos cuantos lo que vale la pena. Le queda todo por delante, algo que genera en su alma un mundo de sensaciones. Proyecta y concreta, como una soñadora de las buenas.
Victoria Ortega es una vecina que viaja bastante lejos para dar una mano a quienes más la necesitan. Y cuando contesta el llamado, regala otra aventura para pensar y valorar.
Retrocede unos años y refresca que todo comenzó en un recital de Jorge Rojas, cuando convocó a sus seguidores al gran encuentro festivo en la comunidad La Merced, Santa Victoria Este, partido de Rivadavia.
En ese lugar de Salta viven los chorotes, población donde “la necesidad es mucha”, según confiesa. Ellos ya la conocen muy bien. Por eso, el “este año no sé cómo me va a ir” que agrega es contundente.
Hace algún tiempo, su compañera de ruta es una amiga de Alberti. Paran siempre en la Escuela Nº 4171, donde 150 familias saben que la educación de sus hijos está en buenas manos. Es un ambiente único.
Casi siempre van para Navidad y una propuesta es enseñarles a las mujeres cómo se elabora el pan dulce. También llevan juguetes, golosinas y hasta llegaron a pintar el comedor de la institución.
Lo que se generó con la comunidad que considera su familia es tan especial que se convirtió en madrina de Victoria Azucena. Esto fue otro antes y después en su vida, y lo reconoce emocionada.
Para el Día del Niño de 2019 cambiaron destino. Fue así que llegaron a Garza, Santiago del Estero, tierra donde también vivieron momentos que abraza con el corazón.
“Yo siempre digo que cuando hago algo solidario es para mí la felicidad plena”, expresa. Las sonrisas que contempla y el cariño recibido “es algo impagable”, lo que añade con todas las ganas de volver.
Y lleva alto: “Me quedó un viaje pendiente con mi viejo, que quería viajar y siempre lo postergábamos”. Toma aire. Vuelve y refuerza que él le enseñó el valor de la solidaridad.
Cada viaje tiene tanto que le resulta imposible resumirlo. “Son cosas que a mí me llenan y me encanta hacerlas. Las hago con mucha pasión, y no poder hacerlas más a mí me dolería”, suelta.
Tiene un grupo que siempre la apoya, al cual le agradece porque la hace sentir “mucho mejor”. “Sé que soy una persona común y corriente, y que estoy para las personas que me necesiten”, cierra Victoria.

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