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Las Fake News y el desafío de la lectura crítica

Vivimos en un mundo donde nos encontramos continuamente siendo bombardeados por diversos mensajes como nunca antes en la historia se ha visto. A los medios de comunicación tradicionales, se le suman hoy la influencia de internet con sus redes sociales y la posibilidad de que toda vos puede emitir su mensaje, sin importar sí este cierto o no.
Afirmar que la ley de la gravedad de Newton no existe, seguramente traerá ruido en su cabeza. Sin embargo, esta afirmación es cierta desde que la teoría de la relatividad de Albert Einstein entró en el mundo de la física, el principio de Newton fue atacado. La pregunta es, esta afirmación es cierta o no. Si nos vamos a los hechos científicos en la teoría de la relatividad no existe la gravedad, en este marco teórico una explicación sobre la gravedad no será hallada, veremos que todo se debe a una relación entre el tiempo y el espacio, pero no al denominado campo de la gravedad. Sin embargo, la mayoría de quienes leen estas líneas atribuirán a no poder levantar sus pies del piso a la fuerza de la gravedad. Esto se debe a que durante años hemos sido instruidos en esta teoría, ya sean la escuela, mirando documentales, leyendo artículos, llegando a afirmarla sin siquiera cuestionar si estás ideas son ciertas o no.
Estudios científicos demostraron que, si estás expuesto repetidamente a una frase, aunque no posea información útil sobre el tema es más probable que creas que este enunciado es cierto. Esto resalta un aspecto importante de nuestra psicología que juega un gran papel en cómo vemos al mundo. Las cosas a las que nos exponemos repetidamente las percibimos como más verdaderas y a este mecanismo lo conocemos como facilidad cognitiva.

DE LA PUBLICIDAD A LA FAKE NEWS
La frase con la que solemos identificar a Joseph Goebbels, jefe de comunicación del partido nazi durante la Segunda Guerra Mundial, “Miente, miente que algo quedará. Cuando más grande sea la mentira más gente la creerá”, no es bajo ningún motivo una afirmación para tomar a la ligera. Por el contrario, es resultado de un profundo estudio que muestra la capacidad de nuestro cerebro de ser afectado por información que vemos reiteradamente, a tal punto de volverlas familiar y aceptarlas como ciertas.
La facilidad cognitiva mide cuánto está trabajando tu cerebro desde algo simple como cuando estamos usando Facebook a algo complejo como cuando intentamos multiplicar 14 por 37 mentalmente. Las cosas verídicas suelen generar facilidad cognitiva, como el fuego quema, la tierra gira alrededor del sol, o los perros ladran. No solo las percibimos como verdaderas, sino que además se sienten familiares sin esfuerzo. El problema aparece porque la facilidad cognitiva puede ser fabricada artificialmente, por ejemplo, repitiendo el estímulo y esto lo saben los publicitas.
Esto no debería sorprendernos, que los estímulos repetidos se perciban más favorablemente es producto de la evolución de nuestro cerebro para identificar amenazas. Todo lo novedoso es interpretado como una amenaza potencial, pero si luego de una exposición repetida nada malo sucede se vuelve familiar y agradable y por ende un símbolo de seguridad. Por eso los publicitas tienden a repetir en sus publicidades aquellos elementos que terminarán asociándose a las marcas como “la llama que llama” a una telefónica, “el sabor del encuentro” a una cerveza. La intención es verlas familiares al momento de encontrarlas en el mercado.
En un experimento en dos universidades de Michigan, se publicaron anuncios en los periódicos, cada anuncio consistía de una serie de palabras inventadas y sin sentido, estas palabras sin sentido fueron impresas con distintas frecuencias, al mismo tiempo en la otra universidad se imprimían las mismas palabras pero invirtiendo las frecuencias. Posteriormente se enviaron cuestionarios pidiendo que califiquen las palabras sin sentido en una escala que iba algo bueno a algo malo. Los resultados fueron claros, mientras más frecuente había aparecido la palabra más personas creían que significaba algo bueno. Estos mismos estudios muestran que la gente suele optar por la respuesta más legible un texto en negrita y con contraste es más fácil y rápido de leer lo manejamos con más facilidad cognitiva y por eso lo juzgamos como cierto. Así que, con la suficiente repetición y con una tipología clara, incluso una palabra sin sentido puede sentirse familiar e incentiva la facilidad cognitiva.
Pero esta experiencia la podemos percibir en todos los aspectos de nuestra vida, las canciones se perciben mejor luego de escucharlas varias veces que en la primera vez, incluso percibimos como más agradables a una persona después de ver repetidamente su retrato. Los apellidos más fáciles de pronunciar son más numerosos en los altos puestos jerárquicos. Esto lo saben también las redes sociales, las imágenes con mayor contraste son percibidas con más facilidad cognitiva haciéndonos sentir bien, eso explica la mayoría de los filtros de Instagram.
Es en este contexto que las redes sociales cobran un valor trascendental, ya que es aquí dónde podemos encontrar una explicación al porque han surgido tantas granjas de trolls en este último tiempo. El objetivo es claro, es intentar reproducir masivamente una información falsa que se esconde detrás de un velo de verosimilitud, o dicho de otra manera de familiaridad cognitiva, con el propósito de desinformar.
Si a esta situación multiplicamos las posibilidades de que cada usuario de las redes sociales comparta y emitan su propia versión de los hechos, nos encontramos en un mundo donde por asociación podemos caer fácilmente en la desinformación. Dicho de otra manera, cómo no voy a creer lo que mi amigo está compartiendo si a él lo conozco y lo veo todos los días. Así teorías conspirativas cómo el terraplanismo o los antivacunas, terminan viralizándose y asumiendo cierto grado de multiplicidad, a tal punto que cuestionan los años de investigación y de validación de las mismas a través de los métodos científicos.

VALORAR LA LECTURA CRITICA
En nuestra ciudad, la reciente información sobre la búsqueda y paradero de Nazareno, aquel joven que estuvo desaparecido en los últimos días, género diverso grado de teorías y de desinformaciones, incluso contradiciendo los partes policiales o las mismas publicaciones realizadas por los familiares en las redes sociales. Durante los últimos días, pudimos ver cómo diversos vecinos de nuestra localidad publicaban que había aparecido, que se encontraba en determinada localidad, o que simplemente se trataba de una travesura. Lo grabé no eran solo estas publicaciones en sí, lo grave es que muchas de ellas eran compartidas y viralizadas en las redes sociales generando una mayor confusión sobre la búsqueda del joven.
Asumamos en principio que nadie buscaba el perjuicio del joven, o de sus familiares, ni entorpecer la búsqueda policial, pero lo cierto es que en el fondo este grado de desinformación contribuyó inevitablemente al perjuicio en los esfuerzos de búsqueda. Digo si yo leo una publicación donde dice que el joven apareció en determinada localidad, dejaré de prestar atención a la fotografía del mismo y a tratar de ver si lo encuentro en algún punto de nuestra ciudad o de donde me encuentre.
Hemos evolucionado para que la facilidad cognitiva sea un estado apropiado para poder reaccionar intuitivamente en situaciones cotidianas. No podemos pensar demás cuando no hace falta. La clave es identificar cuando el pensamiento complejo es necesario. Pero con la opción de compartir y repetir ideas más fáciles que nunca creo que debemos ser más escépticos para distinguir entre lo que realmente es verdad y lo que sólo hemos escuchado repetir muchas veces. Mientras más se repita algo más se comienza a percibir como verdad como mínimo. Uno no intenta ser un juez moral de lo que se debe publicar o no en las redes sociales, lo que se intenta es tratar de buscar la contribución a un pensamiento crítico al momento de la lectura de las distintas publicaciones que encontramos en las redes sociales.

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