Laura Ibarra: Historia del medio solar Pellegrini entre Brandsen y Rauch

MUJERES QUE HICIERON HISTORIA

El medio solar correspondiente a Laura Dionisia Ibarra tiene una historia larga, al igual que su propia vida. Fue conocida por el Bragado de entonces, pero es ignorada por la mayoría de la población actual.
De esa etapa de esplendor solo queda como referente el especial edificio que se levanta en el lugar, considerado el más hermoso de la ciudad. Laura nació en 1894, el hecho de convivir con muchos hermanos, en su mayoría varones, le permitió gozar de un trato preferencial, siendo muy delicada en su trato y acostumbrada a ser servida. La muerte de su madre la sorprendió soltera. Se trasladó al hogar de su hermana Catalina, mayor que ella, quien la crio y estaba casada con el martillero Bernardo Elizondo, en la calle Gral. Paz 1463.
En 1923, un nuevo médico instaló su consultorio vecino a la casa donde vivía Laura. Era Enrique Hirsh Rosenzuaig, médico cirujano. El doctor Rosenzuaig venía de Carlos Casares y la casualidad quiso que su casa enfrentara al nuevo domicilio de ‘Laurita’, como todos la llamaban, convertida en una mujer de hermoso rostro, pequeña estatura, menuda, delicada, quizás un poco retraída y demasiado sujeta a las convenciones sociales. Su presencia no pasó desapercibida para el nuevo vecino y ella tampoco pudo ignorar al recién llegado, porque además de la aureola que envolvía a los de su profesión, era un hombre alto, distinguido y servicial. Y como sucede en las novelas con final feliz, el amor no tardó en llegar. Se casaron y partieron a Europa de luna de miel y al regresar, en 1928, apareció un aviso en El Censor dando cuenta de que el doctor Rosenzuaig, médico cirujano diplomado en la Universidad de Viena, había regresado de su viaje de estudios en clínicas de Berlín, Viena, Francfort y París y reanudaba su actividad profesional en su consultorio de la calle General Paz.
Dos años más tarde, en el terreno de la avenida Pellegrini propiedad de Laura, se construyó el magnífico chalet, que no puede pasar desapercibido y que todavía es admirado por cuantos transitan este sector de la calle principal.
La pareja quedó sin descendencia porque su única hija falleció al nacer. Rosenzuaig, cuya especialidad era la clínica general, atendía el consultorio instalado en la misma casa. En 1939 fundó el Sanatorio Santa Catalina asociado a los doctores Juan Pío Manganiello y Juan Carlos Chidichimo, a quienes más tarde se sumó Mario Tessi Seitún. Fue el segundo establecimiento asistencial privado que tuvo la ciudad. La actividad cesó en 1945, por la venta a la Obra Social de Empleados Ferroviarios. Mientras tanto, Laura reinaba en el hogar, en la residencia, eran frecuentes las reuniones de amigos, conocidos y familiares. Laurita recibía encantada las visitas.
Rosenzuaig enfermó gravemente y hubo que trasladarlo a Buenos Aires. Murió después de una larga agonía y sus restos fueron llevados al cementerio de Recoleta. Laura, durante mucho tiempo, vivió en un hotel para estar cerca de los restos de su marido. Cuando empezaron a sentirse los estragos de los años, regresó a ocupar el chalet. La vida de Laurita se alegraba con las visitas periódicas de su sobrino Ricardo Elizondo, a quien consideraba un verdadero hijo. Laura murió sin dejar testamento.

Cerca de 50 herederos asistieron a la sucesión y tantas voluntades, tan distintos criterios y puntos de vista, hicieron que todos los bienes fueran a remate. Subastadas las hectáreas y todas sus pertenencias, el chalet fue adquirido por Juan J. Natero, a quien luego sucedió Jorge O. Cicala.
Foto: Luis Daloia.
Fuente: Gladys Issouribehere. Más secretos de la Memoria.(Dirección de Cultura)

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