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Lo que fue y por el viento no es

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-Por un simple observador

Pasó mucho tiempo. Demasiado. No quedó nada de todo lo que había. Nada de nada. Esa palabra vacía, en este caso, llena el presente con recuerdos. Pensándolo bien, era una locura. La mayor parte pegaba la vuelta pateando. Hasta sus casas había, por lo menos, 4 kilómetros y un cruce bravo.
Era un lujo. Y acá la naturaleza reforzaba cada centímetro. Esa combinación resultaba perfecta. Los encuentros no podían ser mejores.
El nombre cambió, pero quedó en eso. Lo importante era lo que se respiraba en el interior, más allá del humo. Todo se soportaba.
Es probable que algunos se hayan conocido ahí y que hoy estén pasando este aislamiento con recuerdos de esa noche. En esta vida todo puede ser.
La energía se sentía desde antes de doblar a la izquierda. El piso se movía y las piernas se iban preparando. Lo mejor estaba por pasar y se notaba.
Contra lo natural no se puede. La madre de todos sopló fuerte y lo hizo desaparecer casi en su totalidad. Lo que había quedado, al tiempo lo mismo.
El lugar ya no es y, posiblemente, jamás vuelva a serlo. Lo que hace equilibrio es, además del recuerdo, imaginarlo hoy si el viento no pasaba.
Ahora se cortaron varias cosas. Alguna mente puede ir a eso que se pudo y, al final, no. La caída es triste, aunque el lamento por dejar pasar es peor.

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