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¡Lo que nos dejará la pandemia!

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-Por el Dr. Gustavo A. Benalal

Pilar Echeverría – Directora de Mercado McCann (agencia creativa global), habla de su experiencia al encontrarse con un mensaje «ir a la verdu ya pasó de moda – pedí tu bolsón y recibilo en tu casa» – para nada le llamo la atención la oferta de delivery, sino más bien el hablar de ir a un local como cosa del pasado.
La pandemia ha cambiado muchas cosas, así en España se publicitan locales que señala a un código QR sobre una mesa de madera y comenta «el menú se lee con código QR para no tocar la carta».
Una cadena global de fast food lanzo una iniciativa por la que sus pedidos en el auto-service (drive-thru) están las ordenes impresas en los barbijos así los consumidores no tienen ni que hablar.
No descubrimos nada si afirmamos que lo móvil y digital viene a sustituir muchas cosas que antes hacíamos en persona y con el tacto. Las citas online existen desde 1995 y la lectura mediante libros electrónicos desde 2005.
La diferencia es que hasta ahora: a) estas no reemplazaban por completo el contacto físico con las personas y los objetos; b) el hacerlo de manera física no se consideraba un peligro.
El contacto como amenaza es lo más novedoso de esta pandemia, sobre todo para nosotros. La cultura japonesa está acostumbrada a mantener cierta distancia, al saludarse con un gesto corporal o a llevar barbijos en el tren. Para ellos el distanciamiento y el uso de la máscara existe desde el S XIX, tan habitual como sacarse los zapatos al entrar a una casa o comer con palillos.
Para nosotros el contacto forma parte de nuestras costumbres, somos de besos, de charlas, de juntadas masivas y de creer que «siempre hay lugar para uno más». En nuestra cultura el contacto está asociado al disfrute de la vida y forma parte de nuestra identidad.
Durante la eterna cuarentena nos hemos ido acostumbrando a la mínima cantidad de contactos o al contactless (sin contacto) como objetivo de ser más agiles y eficientes. Los pagos sin contacto, acceder al celular con la retina, etc. son experiencias que nacieron por temor al contagio.-
Lo dicho es en lo personal, pero en el mundo de las empresas y marcas, en la medida que las experiencias digitales se sigan volviendo cada vez más democráticas y accesibles para todos, las experiencias físicas tendrán una relación inversa, volviéndose cada vez más valiosa y premiun.
O sea, el precio de los productos y experiencias digitalizadas va a bajar mientras el precio de los productos y experiencias en la vida real van a ser cada vez más costosas. En un par de años un Apple Wacht va a valer un tercio de una entrada de cine o teatro o una clase con instructor privado por zoom nos costara u$s 5 mientras una clase de zumba con mujeres en un salón nos costará u$s 100.
Estas van a ser algunas de las herencias de la pandemia; al establecerse el contacto como una amenaza, se ha acelerado lo que era tendencia, un mundo más productivo y más practico operar sin necesidad del contacto físico. Y donde la experiencia física se vuelve más productivo y más practico operar sin la necesidad de contacto físico.
Y todavía pueden aparecer más sorpresas.

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