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Los adolescentes, los grandes olvidados de la pandemia

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Los jóvenes sufrieron mucho al no disponer de espacios para relacionarse con sus pares. Hay que darles un lugar e integrarlos pero que también se puedan diferenciar.

Por el Lic. Federico Liñares – UBA

Los adolescentes han sido prácticamente olvidados en esta pandemia y algunos, quizás la mayoría, han sufrido mucho. Los profesionales de la salud mental hemos recibido numerosas consultas, tanto de ellos como de sus familias. Ansiedades, angustias, duelos no elaborados que retornan, dificultades de vinculación, problemas para dormir y para concentrarse, intensificación de conflictos familiares. Todas respuestas psíquicas frente al encierro y el aislamiento social.

-Entonces. ¿Cómo cuidamos a los adolescentes y su salud mental durante el aislamiento? ¿Qué herramientas ofrecemos como sociedad para que tengan y dispongan durante estos tiempos tan difíciles?
El tiempo adolescente requiere un escenario diferenciado del de los adultos para desplegar su creatividad y su rebeldía. Expresiones saludables que urgen por manifestarse y de modo vivaz hacerse lugar en el mundo de los mayores. Parece una paradoja, tal vez lo sea: un lugar entre los adultos pero diferenciado a la vez. Un espacio que requiere ser creado y no se acepta si es impuesto.

Podemos preguntarnos frente a las conductas de algunos jóvenes durante esta pandemia, qué instituciones tenemos como sociedad para los adolescentes, qué esperamos de ellos y qué les ofrecemos.
Seguramente, algunos adolescentes van por los límites de los marcos que ofrecemos como reguladores de sus modos de estar y hacer. Pero, para que eso ocurra, necesitan normas, reglas y contención. Quizás otra paradoja adolescente: necesitan marcos de contención para habitar en sus bordes.

DE ESO SE TRATA: Pero, ¿qué ocurre si no ofrecemos alternativas para que nuestros jóvenes puedan tener dónde desplegar su exploración y su grupalidad? ¿A dónde volverían si no es a una fiesta, siendo esto lo único de lo que disponen? Podemos brindarles como sociedad espacios regulados de encuentro y diversión?.
Esta pandemia tal vez evidencia el lugar que le damos a este grupo etario en nuestra sociedad. ¿Qué instituciones y con qué lógica las creamos para alojar allí a los adolescentes? Si para ellos sólo tenemos las escuelas y los boliches, ¿qué podemos esperar que hagan en una situación como la que vivimos? Parece que toma relieve la necesidad de agenciar los cambios necesarios para que el tránsito joven se dé más por clubes, centros juveniles, culturales o de formación laboral.
Los adolescentes que tienen una responsabilidad individual de cuidado en esta pandemia, pero también podemos abrir el foco y preguntarnos qué les ofrecimos los adultos en este tiempo de encierro y aislamiento que han vivido para apaciguar sus ansiedades y angustias.
Podríamos haber organizado para ellos actividades donde, con protocolos, se encontraran con sus pares. ¿Por qué esperábamos que aquéllos en quienes nadie pensó, pensaran en nosotros? ¿No los condenamos a la clandestinidad al negar su necesidad de encuentro y grupalidad?
El problema es que en la clandestinidad no podemos cuidarlos y allí sólo ellos son los responsables de su integridad. Siempre habrá en las sociedades lugares clandestinos, el punto sería si éstos son la excepción o la norma. Los invito a reflexionar en cuánta responsabilidad tienen los adolescentes en su falta de control y autocuidado y cuánta nos cabe al conjunto social.
-Pensemos en qué instituciones queremos para nuestros jóvenes. Hagamos un análisis de qué es lo que esperamos de ellos sin descuidar qué se les ofrece. Ellos son un reflejo de la sociedad, en su calidad de extraños, extranjeros y portadores de una sexualidad siempre pujante y novedosa, representan una saludable amenaza al statu quo.

Frente a esto, las sociedades tienen diversas respuestas. Podemos negarlo y condenar al destierro a esta oleada de fuerza adolescente o podemos enmarcarla y convivir con sus transgresiones. Lo que se expulsa y se niega vuelve con fuerza y de manera amenazante y horrorosa. En cambio, lo que se acepta y se trabaja para su regulación encuentra contención y bordes por donde transitar.
Lo primero es expulsión y retorno, mientras que lo segundo es elaboración y despliegue. Exijámosle a los adolescentes que se cuiden y nos cuiden pero también a nosotros mismos a pensar en ellos y junto a ellos qué instituciones necesitan habitar y ofrezcámoselas.

(*) El autor es licenciado en psicología (M.N. 43.883), con especialidad en niñez y adolescencia. Es coordinador del equipo “Puentes en Trastornos del Desarrollo Infantil”, del Centro de Salud Mental Doctor. Enrique Pichón Riviere. Municipio de San Martín.

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